Agua y aceite.

Photo by Karim Ghantous on Unsplash
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La igualdad es asunto de tréboles
siempre y cuando la fortuna
no vaya en el pico de una cigüeña
que decida aterrizar
rompiendo la mansa paz del rellano.

No hace falta vivir siglos
recordando yugos
con los mismos clavos
y la misma cruz.

Quizá falta valentía en el silencio
y mil guitarras sonando
en lugar de los tambores y cornetas,
hay melodías sutiles
con cadencias de fusil
que no se aprovechan
hasta la última y mísera corchea.

Qué significa cortar alas a mariposas
en el vuelo rapaz y violento
cuando todos esperan un bálsamo
formado por néctar y sosiego

La realidad ascética se quedó atrás
por el mero hecho de confundir
lo inevitable
con lo duramente predestinado
aunque ambos sabemos
que es mentira
todo cuanto
conocemos.

Hay una balanza triste
con un olivo y un corazón latente
disfrazado de arlequín,
un corazón que sangra con fuerza
en los meses más fríos
y para el resto es una pantomima,
un corazón inundado en una balanza
de agua y aceite.

Y por duro que resulte
el estilo más sombrío,
el fuego no solo se combate
con las sombras suficientes
para asfixiarlo,
quizá oscurecen el mundo entero.
El fuego tampoco se combate
con incendios y humaredas
que distorsionen reflejos tibios.

Si algo enseña la noche
es que el aceite aviva y el agua apaga,
que solo hace falta acabar con la base
para que no se disipe entre las nubes
la esperanza más ardiente.

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