Amigos

Photo by Paul Schmuck on Unsplash
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– Somos amigos, solo eso. – De eso nada. – Interrumpió con vehemencia una voz grave al otro lado del teléfono.

– Hazme caso, esta vez te equivocas…

– ¡Claro que no me equivoco! – La voz grave volvió a interrumpir mientras continuaba hablando de manera atropellada… -Te conozco desde los ocho años, soy tu mejor amigo. Si has decidido ir a buscar a esa chica al aeropuerto, es porque tu amiga te gusta…

– No me gusta. – ¡Te gusta! – No me gusta.

Hubo un breve silencio que parecía una tregua pactada entre ambos. Unos segundos después la conversación continuaba…

– Mira…, ella me comentó que llegaba muy tarde. Son las tres de la mañana, a mí no me importa acercarme hasta aquí, y a ella le ahorro pagar un taxi hasta su casa….

– Claro, claro… pero no me convences, amigo. Esa chica te gusta. – Afirmó la voz grave con la obstinación de un hacha golpeando un árbol para hacerlo caer.

En ese instante algo parecido a una ráfaga de viento sonó a través del auricular como si fuera una tormenta de paciencia. – Re-pi- to….Somos amigos, nada más. Lo éramos cuando se fue a Berlín, lo hemos sido durante su estancia allí y ahora que regresa lo vamos a seguir siendo…No hay nada más…

De nuevo un silencio entre ambos, pareció dejó la charla en tablas. – El chico de la voz grave conocía bien a su amigo y sabía perfectamente que aquella conversación no tendría ganador, un instante después, se despidió con desgana. – Bueno pues espero que el vuelo no se retrase y tu, sólo AMIGA, llegue puntual. Mañana hablamos… – Un instante después ambos se despidieron.

Lucas, comenzó a caminar por el enorme pasillo de la terminal en dirección a los paneles informativos en busca del vuelo procedente de Berlín, desde donde ella regresaba a casa después de un año de formación, frío y la sensación de dominar por fin el alemán.

Cuando Lucas llegó a las pantallas informativas alzó la mirada y comenzó a leer entre dientes. El vuelo de Iberia procedente de Berlín aterrizaría a las tres horas y cinco minutos de la madrugada, en la sala número catorce.

Lucas revisó el móvil por última vez y sin saber muy bien por qué, sintió que estaba nervioso. La charla con su amigo seguía zarandeando su calma como una tormenta zarandea un barco en alta mar.

En la sala de espera número catorce del aeropuerto de Madrid, un amplio grupo de personas, esperaban ansiosas la apertura de las puertas para rodear a los viajeros, amigos y familiares de abrazos y sonrisas de bienvenida. Aquella sala de diseño escueto y colores grises, por un instante se convertía en un lugar adornado por la felicidad que acompaña el sentimiento de reencontrarse con alguien que vuelve a casa.

Las puertas se abrieron y los viajeros escoltados por sus maletas comenzaron a salir. Sus rostros morenos, los sombreros de paja y la ropa mayoritariamente ancha, parecían certificar que regresaban de unas vacaciones en algún lugar del mundo, llenos de sol, playa y una envidiable relajación. Obviamente esos viajeros no procedían de Berlín, pensó Lucas.

Aquel grupo de rostros morenos perdió rápidamente la atención del joven, que resignado siguió esperando la llegada del vuelo procedente de la capital alemana.

Entre los viajeros que desfilaban por la terminal un grupo de azafatas encabezado por el que parecía ser el piloto de algún vuelo se abrían paso entre la gente. Aquel movimiento de colorido uniformado llamó la atención de las personas que se cruzaban a su paso. En un instante todas las miradas de la terminal se anclaron en aquella tripulación que parecía salida de una agencia de modelos.

Los ojos de Lucas también persiguieron instintivamente los uniformes azules perfectamente conjuntados que adornaban a las jóvenes azafatas que acompañaban al comandante. Del grupo de seis mujeres al menos cinco podrían tener un cartel en plena Gran Vía anunciando algún tipo de cosmético que prometiese dudosamente rejuvenecer el rostro de cualquier mortal al menos diez años. Realmente aquellas mujeres eran guapas, de figura perfecta y mirada interminable.

De pronto el grupo de modelos y uniformes azules, se paró a charlar animadamente alejándose del jaleo propio de la terminal quedando de manera fortuita a menos de un metro de Lucas.

El comandante del vuelo tomó la palabra de manera solemne bajo la atenta mirada de las bellas azafatas…

Lucas miró por primera vez con atención al piloto y por un instante recordó a su amiga. Aquel hombre tenía los rasgos físicos que su compañera “berlínesa”, de charlas infinitas siempre había exigido en un hombre para saciar sus elevadas pretensiones románticas.

Sin saber muy bien por qué Lucas sintió un pinchazo en el estómago que se convirtió en un escalofrío. Desconcertado por una sensación tan extraña como contundente, siguió observando de manera clandestina, buscando en el comandante algo que le hiciese pensar que ese hombre con aspecto de galán de culebrón y un acento capaz de endulzar la palabra más ordinaria, no era perfecto para su amiga.

Comenzó a preguntarse por qué en lugar de mirar a las hermosas azafatas examinaba a aquel hombre en busca de algún defecto que le hiciera imperfecto.

En ese momento entendió por primera vez por que estaba allí esperando a aquella chica de sonrisa perfecta.

Su corazón distraído, estaba enamorado de ella. Sintió el vértigo de necesitar lo que no se tiene, y decidió que aquella noche cuando ella regresara, saltaría por encima de su timidez y le confesaría la verdad que escondía su corazón…. De repente las puertas por donde desfilaban los pasajeros recién llegados se volvieron a abrir y ella apareció empujando una maleta azul que de manera intencionada combinaba con el elegante pañuelo que rodeaba su cuello.

Ambos se miraron desde la distancia.

Ella le miró primero. Él después. Lucas sintió como su corazón se aceleraba. De repente Emma se giró hacia un joven alto de pelo rubio y piel blanca como la luna, que caminaba a su lado.

Lucas reconoció la complicidad entre ambos enseguida. En ese momento su corazón se congeló. El comentario de la joven provocó una abundante sonrisa en el hombre de piel blanca y pelo rubio. Lucas sintió que le costaba respirar.

Unos segundos después Emma soltó su maleta y corrió con entusiasmo para abrazar a su amigo Lucas.

– ¡¡Que ganas de verte!! – Dijo la joven con una sonrisa mientras le daba con fuerza un abrazo capaz de derribar un edificio.

Lucas se dejó ir, cerró los ojos y la abrazó rodeado de su perfume.

A unos metros de ella el joven de tez blanca observaba la escena intrigado.

– Por fin en casa – Dijo Emma con la alegría desbordada en sus ojos. Después se apartó un instante de Lucas y girandose hacia el joven alemán, dijo: – Lucas este es Jan, nos hemos conocido en el avión. -El joven alto y rubio se acercó y Emma comenzó a hablar con él en un perfecto alemán.

Lucas alargó el brazo con desgana y ambos se estrecharon las manos. – gracias por llevarme. – Dijo Jan en un imperfecto español.

Lucas se giró hacia Emma. -¿Por llevarle? – Dijo con tono serio el joven.

Emma sonrió tímidamente. -Me ha dicho que se aloja en casa de un amigo cerca de mi barrio y le he ofrecido acercarle. Lo siento.. Lucas sonrió sintiéndose estúpido. – ¿No te importa verdad? , es muy majo …. añadió la joven.

“Maldito alemán de las narices”. – Dijo mentalmente Lucas mientras negaba con la cabeza sonriendo..

– Perfecto – sentenció Emma.

Unos segundos después los tres comenzaron a caminar en dirección al parking express , Emma comenzó a charlar con Jan animadamente, mientras Lucas los miraba sintiéndose el personaje principal de la película “Ghost”. De repente se había convertido en transparente.

– Ich liebe Spanien – soltó el alemán. – jeder mag Spanien -Contestó rápidamente Emma.

Lucas los miraba como si hablasen élfico.

-vaya tela, debo de ser idiota.

Capitulo 6 de 6. FINAL

Cuando el coche abandonó el aeropuerto Emma y Jan seguían charlando de manera animada, Emma de vez en cuando traducía alguna frase para que Lucas interviniese en la conversación pero el joven español, no pronunció ni media palabra. Simplemente conducía con gesto serio. – Si te desvías por aquí llegamos a su barrio dijo Emma con dulzura. – Claro ..- respondió escuetamente Lucas.

Unos minutos después el coche se paraba frente a un edificio de ocho plantas. El móvil de Emma sonó con fuerza y la joven comenzó a hablar con su madre que parecía reclamarle alguna explicación de su viaje con la preocupación que siempre persigue a una madre.

Lucas se bajó del vehículo en dirección al maletero para sacar las maletas del joven alemán. Jan le acompañó.

Cuando Lucas depositó las maletas en el suelo el joven blanquecino se dirigió a el con su chapucero español.

– Tu suerte de Emma .. novio feliz. – ¿Novio yo? ¿De Emma? – Le corrigió Lucas. – Ella viene hablando de tu. Dice que eres chico bonito y q tu novio perfecto pars Emma.

En ese momento los ojos de Lucas sonrieron. – ¿ Que tal vais?, interrumpió la joven. – Ehh, esto…bien..bien, contestó rápidamente Lucas. Jan no dijo nada. Recogió su maleta se acercó a Emma y asintiendo le dio las gracias en alemán. Después miró por última vez a Lucas y sonrió mientras se alejaba.

Unos instantes después Lucas metió la llave de contacto en su vehículo y sin girarla para arrancar se dirigió a la joven.

– ¿Puedo preguntarte algo?

Emma se giró para quedar de frente a Lucas esperando la pregunta. – ¿De que hablabas con Jan mientras yo conducía?

Los ojos de Emma reaccionaron a la pregunta haciéndose inmensos.

– Hablábamos de sueños.

Hubo un silencio. Lucas se acercó un poco más y sin pensárselo la besó en los labios. – La próxima vez que te

vayas fuera de España me iré contigo. – sentenció el joven

Emma le rodeo con su brazos y acercándose a su rostro le susurró. -Si estás conmigo no necesitaré irme a ningún otro sitio.

Después, volvieron a besarse dejando que sus corazones jugarán a reencontrarse.

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