Apuñalado

Photo by Scott Webb on Unsplash
Photo by Scott Webb on Unsplash

Ayer por la noche, Carlos no pudo más.

Cogió una cuchilla del baño y dijo basta.

Y con sus últimas lágrimas dejó que corriera su sangre.

Con 12 años, será protagonista de portadas.

Le darán espacio en los telediarios.

En su barrio, habrá mucha gente que le llorará.

Todos dirán que fue suicidio.

Que el pobre niño se cortó las venas.

Pero no, no es verdad.

Lo que le ocurrió a Carlos, lo que les ocurre a muchos chavales día a día, no es suicidio.

Carlos no se cortó las venas.

A Carlos lo apuñalaron.

Paulatinamente, día tras día.

Antes de morir desangrado por los cortes en sus muñecas, Carlos ya se desangraba por dentro.

Le apuñalaron aquellos que se burlaban de él en el colegio, los que le robaban el almuerzo, los
que le pegaban a la salida.

Le apuñalaron más tarde cuando empezaron las amenazas al móvil, en sus redes sociales.

Empezaron a apuñalarle aquellos otros que compartían los vídeos en los que era víctima de
patadas e insultos, los que les rodeaban y animaban para que siguiera el espectáculo.

Y aquellos que callaron, que decidieron pasar de largo, quizá por miedo, quizá por no ser
apuñalados, también acabaron por apuñalar a Carlos.

Le apuñaló aquella profesora, que regañaba a los niños, pero lo consideraba una chiquillada, se
limitaba a sus funciones, cruzaba la puerta y dejaba el problema para otros.

Y le apuñaló aquel director que trataba a los padres de exagerados, que decía no poder hacer
nada al respecto, que si no les gustaba el asunto, trasladaran al niño.

Puñalada a puñalada, todos los días, sin excepción.

Así murió Carlos.

En el seno de una familia que luchó cada día para librarle del dolor, que trataba de frenar las
hemorragias de su alma.

Pero no pudieron hacer nada por evitar aquel final.

Se encerró en el baño sin que se percataran.

Carlos murió.

Cada vez que un chico llamado Carlos muere, o uno llamado Daniel, o una niña llamada María,
Lucía, Alicia… dejamos de merecernos el calificativo de humanos.

No hay humanidad en dejar que a Carlos lo maten, no hay humanidad en dejar que a nuestros
niños y niñas las acosen a diario en su colegio, en su instituto, que les peguen a la salida, les
amenacen.

No hay humanidad en hacerle la vida imposible a un pobre chaval inocente.

El bullying es un asesinato social, a esos niños y niñas, por acto o por omisión, los matamos
entre todos y todas.

Y por ende, por esa misma regla de tres, es problema de todos y todas acabar, de una vez por
todas, con esta lacra.

More from Marta Ramón Galindo

Inexistente mi deseo

Hay territorios por conquistar envueltos en sábanas blancas Luchas que librar entre...
Read More

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *