Aún quedan días de verano.

Aún quedan días de verano.
Aún quedan días de verano.

Aún quedan días de verano. Siempre quedarán días de verano. Nada tendrá que ver el calendario. No habrá meses que nos agobien con las prisas de un tiempo que no inventamos nosotros. Tampoco estaciones que nos encorseten las ganas.

Esta vez el verano vivirá en ti. Esta vez el verano serás tú.

Ven. Tengo que contarte algo. Es importante que hagas una cosa. Deja que tu corazón se vaya de vacaciones. No importa el destino. Necesita curarse. Tú también. Reserva una suite para los dos. Os lo habéis ganado. Sobre todo, él. Ha sufrido las inclemencias de ciclones afectivos que se convirtieron en tormentas tropicales al tocar la tierra de tu alma. Ha tenido que soportar mareas de sentimientos en las que cerca estuvisteis de ahogaros los dos.

Con vistas al mar. Por supuesto. Dejad que el rumor de las olas os transporte a otros lugares. A aquellos en los que fuisteis felices. A aquellos en los que siempre sonaban las risas de aquellas personas que te despeinaban el espíritu. Dejad que el olor a sal os cure las heridas. Sé que escocerá. Será necesario que lo haga. No podrá volver a latir como antes si las cicatrices no sellan aquel viejo arañazo. No podrá volver a sentir como antes si tras cada latido no resuena la voz de la experiencia.

Lo sé. No podemos vivir en unas vacaciones emocionales constantes. Puede que no sepamos vivir en un permanente verano. Quizá no nos han enseñado. A lo mejor no podemos hacerlo. Será ahí cuando necesites ayuda. Porque, en ocasiones, el auxilio no vendrá de nuestro interior. A veces, precisamos la asistencia de un socorrista emocional.

Uno que no se despiste jamás. Uno que siempre nos tenga en el punto de vista de sus prismáticos.

Esa es la clave. Ese es el truco. Serán las personas que nos quieren las que vendrán a rescatarnos. Las que nos harán sentir en verano aunque fuera sea invierno cerrado. Las que nos abrirán la sombrilla cuando esté lloviendo. Las que nos embadurnarán el alma de bronceador para que no se nos queme jamás. Las que nos pondrán moreno el corazón a base de calentarnos con sus palabras. Las que nos harán ver que todas las noches pueden ser de San Juan. Las que nos harán creer que todas las mañanas serán las que cantaba el rey David.

Por mucho que aquella canción nos hiciera creer lo contrario. Por más que el calendario te meta prisa. Hazme caso si te digo que aún quedan días de verano. Siempre quedarán días de verano.

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