Buenos días

“Ojalá pudiese decir que sólo a veces pienso en lo que hemos hecho con la vida, pero, eso supondría deciros que el resto del tiempo estoy en paz.”

Cien años de soledad es un gran libro. Es como la vida misma. Momentos efímeros de  inspiración, magia y felicidad. Fugaces pasiones que nos hacen cometer actos que nos  torturan el resto de nuestra existencia. Dolorosas invenciones que construimos en nuestra mente imaginativa deseando que los sucesos de tal historia hubiesen estado más a nuestro favor. Y sin duda, el anhelo del mañana (que nunca llega) que nos hará superar el triste hoy…

Siempre estoy pensando en las historias que conozco. No la de los libros y las películas porque en esas historias aún tengo la esperanza de que aparezca algún héroe y salve la situación. Yo me refiero a las historias reales que son la mismísima vida.

A madres con jornada eterna.
A niños maltratados.
A hombres que se vendieron al odio y el egoísmo.
A animales asesinados porque en algún momento, otro animal llamado “humano”, decidió que serían de su propiedad.
A bosques que llevan siglos en pie y caen en un día por acción de una sierra.
A mentes con un espacio tan infinitamente desaprovechado porque en ellas sólo se
hallan fútbol, dinero, sexo y ropa.
A un mundo que…
“Siempre estoy pensando en todo eso…”

Y durante mucho tiempo me ha amargado. No poder hacer nada hace trizas el corazón de quien tiene sueños, pero, como bien dicen, cuando te encuentras a ti mismo en el límite, empiezas a vislumbrar cosas que en el bienestar de una mente acomodada no puedes. Y al final lo comprendí: Siempre que escuchaba esas historias me situaba a mi mismo como un espectador que desea entrar dentro de la pantalla del cine y ayudar al inocente. Sentía el dolor y la amargura ajena como propia, pero, al mismo tiempo me sentía incapaz de hacer nada al respecto… Qué equivocado estaba pensando en que la historia que me contaban y la mía eran relatos paralelos que jamás se tocarían…

Si todos actuamos en el mismo escenario: La vida.

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