Burbujas de vacio

soap bubble

Poco a poco me aproximo al espejo.

No me doy cuenta, pero voy cambiando de estado, o tal vez la mezcla de líquidos, sólidos y gases con forma humana que soy, se funden entre ellos en una maraña extraña.

Transformándome voy a pasar al otro lado del espejo. Lo tengo decidido. Como Alicia en su libro.

Desconexión.

La desconexión. Se inicia algún tipo de secuencia…empiezo a no reconocerme en el reflejo.

Es un segundo, pero todo cambia de color. Como en los negativos de las viejas fotos que aún guardo en algún cajón. Al momento no logro recordar lo que una vez fui. Es extraño. Duele. No me gusta cómo está quedando el cuento.

Duele cuando por fin paso a través del cristal. Duele más. Es como si mil pequeños cristalitos se clavasen en cada poro de mi piel. Cierro los ojos instintivamente como si así doliese menos.

Al momento estoy observándote desde dentro de una burbuja de vacío.

Veo cómo vas destruyéndote, hundiéndote en rutinas, temblando, sin mantener el equilibrio.

Te mantienes agarrado al reloj que lleva vidas en esa pared, anclado en el pasado, mirando al suelo.

Pero tú, pero tú…¿eres tú?

No te das cuenta que te veo desde este universo paralelo. Te grito, te extraño, te miento, te invento…

Y te vas. Te vas arrancando el reloj, y arrastrando los pies. Y cuando te observo mientras gritas de rabia cómo quien ha perdido a alguien, me doy cuenta que soy yo el que sigue caminando arrastrando el maldito reloj. Sin rumbo y ciego.

Desde aquí, en mi burbuja de vacío, no logro recordar lo que una vez fui. Floto en 38 direcciones a la vez. No me gusta cómo ha quedado el cuento.

Se ha ido alguien a quien conocí. Arrastrando un reloj, anclado en el pasado, mirando al suelo…

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