El camino hacia el verdadero amor

Dicen que el tiempo nunca espera. Pero el reloj de mi corazón se detuvo hace seis días, tres horas y veinticinco minutos. Sus engranajes se oxidaron bombeando sentimientos que nunca comprendió. Aun así estoy tranquila, pues sé que volveré a escuchar su dulce tic-tac.

A veces el amor es tan complicado como doloroso. A veces, tan crudo como efímero. Pero siempre tan auténtico y genuino que merece la pena quebrar tus huesos contra el suelo y quedarte sin voz por sentirlo entre tus pulmones una sola vez.

Yo lo sentí, rompiendo todas mis creencias, alcanzando la locura, traspasando los límites de mi fe. Naufragué en mares de lágrimas de colores inimaginables, me ahogué entre recuerdos imborrables, y morí… morí aplastada bajo los escombros de sueños devastados por un fin que no vi venir.

Morí y resurgí de entre mis propias cenizas, recolocando cada hueso y cada pilar de mi cuerpo. Y, cuando más perdida estaba, me volví a encontrar una y otra vez, tras cada derrota.

No importa cuántas veces te destruya el desamor o la desolación. Lo único verdaderamente importante es, querido amigo, que solo tú posees la magia que impulsa las agujas del Tiempo. Que una caída puede salvarte. Que la muerte no es el final. Que el amor tiene mil caras, y que, con indómito coraje te sacudirá, te iluminará y te sumirá en las tinieblas tantas veces como crea necesario hasta que al fin comprendas que el secreto de la vida se basa en sentir y seguir caminando en esa espiral que te lleve de vuelta a casa, a tu amor propio, ese pobre olvidado del que florece la verdadera belleza.

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