Cargada de poesía

Todos los días se levanta a las ocho, tras cierto remoloneo, ocho y pico; para inaugurar el mundo y encender el día con su sonrisa. Camina por la casa descalza. Intenta disimular sus ojeras ante un espejo que no le muestra su verdadera belleza. Desayuna rápido, cuando lo hace. Y siempre llega justa de tiempo. Los monstruos de la monotonía la tienen hasta la coronilla, día a día. Alguno piensa en mandar todo a la mierda. Fugarse del mundo y no cumplir las normas. Pero entonces la conciencia comienza a pitar como la alarma de un centro comercial, dejándola en evidencia en medio de sus pensamientos. Sonríe menos de lo que debería y llora mucho más de lo que se merece, muchas veces llora en silencio con una imitación de sonrisa en su rostro. Sus labios encierran besos y pasión que a cadena perpetua ha condenado por crímenes de adolescencia, errores del pasado.

El día pasa lento y pesa como las promesas incumplidas.

Llega a casa y se ducha, disfrutando de su momento, en el que parece que el agua se lleva las penas por el desagüe, aunque en el fondo es una ilusión, y lo sabe.

“Mañana ya es viernes” se dice, y piensa bailar hasta el domingo como una loca, descansar y el lunes volver a la carga.

“Ya queda menos” se repite.

Y así vive en esta condena permanente, de lunes a viernes, atrapada en un poema roto como su sonrisa, pero cargada de poesía

 

 

 

@d_angelo_oficial

Ilustración: @Yelko_Veiga

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