Celos

– Deberías de dejar esa rosa en paz, le advirtió él, mientras ella, jugueteaba con la idea de arrancarla.

– ¿Por qué?, exclamó ella.

– Porqué si todos los huéspedes del hotel arrancasen una rosa, no habría nada que decorase esta piscina.

Ella le miró sabiendo que llevaba razón, mientras volvía caminando hacia la hamaca, donde la esperaba.

Él se levantó, la besó y se lanzó al agua sin pensarlo.

Comenzó a nadar…

Ella le miraba encantada. De repente al lado suyo, dos chicas muy guapas, de cabello largo y cuerpo perfecto, se preparaban para tomar el sol.

En ese momento empezó a maldecir los dos croissant plancha con mermelada y mantequilla que había desayunado y que ahora se marcaban en el bikini…

Él, terminó de nadar, y se acercó a la ducha. El agua empezó a caer por su cuerpo de hombros elegantes y brazos marcados. Su abundante pelo salpicaba el agua y su bañador mojado invitaba a mirar.

Ella observaba atenta a aquellas dos chicas que habían dejado su charla para mirar hacia la ducha. De repente una de ellas dijo:

– Vaya ducha. Me encanta.. y ambas comezaron a reír.

Ella sintió aquellas palabras como si le arrancasen la piel y su cabeza se empezó a llenar de celos.

Él se acercó ajeno a todo aquello, le dio un beso miró rápido a aquellas dos chicas y ocupó su asiento.

Ella se levantó de mala forma y dijo.

– ¡Me voy a la habitación!

Él miró extrañado, y dijo. – ¿Me dejas sólo?

Ella miró maldiciendo a todos los hombres mientras ratificaba que no se enteraba de nada. Después, llenita de celos se marchó de allí.

De camino a la habitación se sentía pequeña e insignificante. Maldijo el día que se conocieron y maldijo que le mirasen siempre.

Empezó a pensar en dejarlo todo. Abrió la puerta enfadada. Tiró el cesto playero y quiso gritar.

Cuando fue a cerrar la puerta, una mano la frenó en seco. Era él…

-Cariño, vengo a estar contigo. Te he traído algo…

De repente apareció en su mano la rosa que ella deseaba, él la miró y dijo:

– No escapes nunca más, cuando se tiene todo no se desea nada más. Mi deseo eres tú.

Y acercando su mano al cordón lateral del bikini, terminó diciendo

– ¿Puedo demostrartelo?

Ella solo tuvo que cerrar los ojos.

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