El cielo esta aquí abajo

John King
John King

Hoy te escribo este poema, a ti pájaro azul, que duermes en mi corazón temblando aún en una servilleta.

Quizá me digas que los pájaros solo vuelan en el cielo, pero puede amor, que aún no te hayas dado cuenta de que el cielo está aquí abajo, cuando lo toco, cuando estás a mi lado.

Se de mirarte con intensidad a los ojos y decirte en medio de un báilame la vida, que perdona amor si hoy te beso. Si te beso y lento, para que al menos por un momento, viajemos a ese espacio que creamos entre tu boca y la mía, ese espacio que me regalas sin saberlo y en el que yo me hago polvo de estrellas cada vez que me dejo llevar hasta tus abrazos. Sin moverme de tu lado, donde si queremos, si volamos un poco más alto, podemos hacer de las noches su universo y de todos nuestros días, sueños de acuarela, de tu piel y la mía, en un mismo verso.

No te he dicho que me encantas cuando me miras y me callas, y que como nunca tuve todas las respuestas, creé millones de preguntas en forma de miradas, tantas que paso muchos días buscándome en el rastro suave y blanco que dejan los aviones de en el cielo azul de mis pestañas, soñando con ser pájaro para poder acariciarte una y otra vez, para volar libre entre el viento hasta encontrarte.

No te he dicho que ahora encuentro muchas de las respuestas en todos tus silencios y en los truenos que te anuncian siempre mi tormenta. Que sigo siendo ese mechón de pelo que juega entre mis dedos cuando busco, siempre que quiero y donde quiero, que salgas a mí encuentro.

Y que para eso, no necesitamos viajar muy lejos. Tan solo mirarnos de pupilas hacia adentro. Libres y viajeros, entre el amor que te guardo entre mi pelo y tu pecho de cielo.

Gracias por soñar por mi, conmigo, por hacer que la vida a tu lado siempre sea, sueño y tú…

Tú que me miras como si no perteneciera a este mundo. Yo, que te abrazo como si te fueras a acabar mañana. En esa misma voz que tú y yo, hemos dado vida a deseos y caricias, a tormentas esta noche en nuestra cama. Donde tú siempre proclamas, mis piernas como único refugio a todas las tormentas que me desatas. Donde yo siempre busco tus ojos, como única salida al crucigrama del cielo de mi mirada.

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