Como cada catorce de febrero

Te escribo desde la otra parte del cristal de aquella crepería a la que tanto nos gusta ir y que tantas pocas veces hemos ido, tal vez por esas inmensas ganas de quedarnos echados en la cama matándonos a caricias sin mediar palabra. Quinientos cincuenta y dos días a tu lado y no he sido capaz de encontrar las palabras oportunas para ser capaz de definir aquello que significas para mí, pero lo único de lo que sí soy capaz es de saber con total certeza que existen personas que están predestinadas para toparse en tu vida como un glaciar en mitad del océano Ártico y tú eres una de ellas.

14 de febrero: muchas rosas en casas de damas que dejan su carmín en unos labios sin dejarse llevar, bombones que acabarán en las papeleras de muchas otras casas debido al leve aumento de peso a causa de los últimos meses navideños… Y luego estamos nosotros, quieres preferimos tentar a la suerte balaceándonos por un precipicio con la incertidumbre de quién no sabe qué será de ellos mañana, pero, sin lugar a dudas, que si la travesía la recorremos juntos no habrá ningún final posible mejor que este. Aun así, hoy sigo sin querer regalos y mucho menos flores, porque catorce de febrero para nosotros son todos los días. Hago semejante afirmación porque me demuestras a cada segundo lo que sientes por mí: desde que frunces el ceño hasta que me miras divertido esperando mi predecible reacción. Siento esto ahora y lo sentiré por muchos océanos que tenga que recorrer para abrazarte, pues hay menos de dos milímetros entre tus dedos y los míos, ahora y siempre.

Mi compañero de viaje, de este viaje llamado vida, de lecciones y excepciones. Aquel que hizo más ruido con la boca sellada que todo aquel que estaba en aquel concierto en el que él quebró los estigmas de aquello que fui o dije ser. Aquel que en plena tormenta me cogió la mano para relajarme y quien provocó temblores en mis piernas al otro lado de la mesa. Aquel que me hace sentir levitar pese a tener los pies sobre el suelo. La persona que me hace ver la vida desde otra perspectiva, sobre todo aquel. Aquel que un día fue una aguja en un pajar, pero que pese a la dificultad aquí le tengo.

Te escribo a ti para recordarte que a tu lado todos los días son catorce de febrero y que no quiero pasar ni un solo día que no sea a tu vera.

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