Contra todo

¡Sólo soy el cadáver de una mariposa!
En un grotesco tintero estoy ahogado,
junto a mí hay unas pezuñas de cerdo
que flotan como barcos en el rebelde ojo
de la mar fiera, de la sangre del diablo.
Ayer no era nada, ni siquiera una sombra
atada a los pies de una muchedumbre.
Me arrastraba entre las monedas furtivas
cavando mi billete al cielo y a la manzana,
luchaba hambriento por mi supervivencia,
el egoísmo… ¡Ay el cruel egoísmo rojizo!
Vine del columbario para reinar mis tierras,
los nichos son de los vivos y yo estoy muerto.
Buscaría los páramos desiertos en el norte,
en el sur y hasta en lo más alto de las nubes.
El infierno era mi peor presagio, mi locura.
La dulzura carcomía al caos, sus manos
arañaban todos los preludios del otoño,
jugaban a abrazarme en un olivo sendiento
para ceder el olvido a mis ojos infames.
Por un desfiladero idéntico a la pureza
de la inmensa noche, avancé al purgatorio.
Llegó la tormenta y yo ya estaba ardiendo
en mí mismo y en mi solemne basura
y en mi aliento y en mi sueño de esperanza.
Volví a nacer en un mundo podrido,
sólo queda la luz estancada en la luna,
las flores tienen pétalos metálicos de fuego.
Ahora dime ¿Cuál es el sentido de mi vida?
¡Sólo soy el cadáver de una mariposa!

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