Corazón Sonrisa

Corazón sonrisa
Corazón sonrisa

El final empezó con una despedida. Fue una despedida amable, si es que alguna despedida puede serlo. Se quedó aquella sonrisa grabada en la parte interior de los párpados, como cuando miras un ratito al sol y cierras los ojos.

Cuando llegó al final de la calle empezaron a dolerle los ojos. Se detuvo. Se los frotó un poco y parece que algo se le pasó. Parpadeó, se le derramó una lágrima, o quizás se le escapasen un millón.

Al rato empezó a dolerle el pecho. Era como si algo se estuviese haciendo hueco dentro. Seguro que ahora ella estaría haciendo ese gesto alucinante con la boca al sonreír y de alguna manera, algo dentro de su pecho quería imitar ese gesto haciendo que se estirase su corazón al intentar adoptar la mágica forma de esa boca perfecta con sus propias arterias, aurículas, ventrículos y demás membranas fibrosas.

¿Era posible que le doliese aquella sonrisa a distancia?

¿A quién demonios se le habría ocurrido hacerle personaje en este cuento sin sentido?

Alguien realmente enfermo.

Decidió volverse calle arriba para de alguna forma devolverle su sonrisa. El dolor empezaba a ser insoportable. Imaginad que de repente vuestro corazón empieza a cambiar de forma para volverse boca sonriente, y que todos sus tejidos musculares se olvidan de impulsar la sangre y de hacer las cosas que llevaban haciendo desde que latió por primera vez. Y todo para intentar imitar los 17 músculos en los extremos de aquella boca de la que acababa de despedirse.

Sabía que serían los últimos instantes de su vida cuando le rozó el hombro al alcanzarla mientras ella caminaba de espaldas cantando “Perfect” de Fairground Attraction.

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