cree en tí

Kevin Bluer
Kevin Bluer

Nadie dijo que fuera fácil, pero, cuando alguien te lo diga, créelo. Créelo de verdad, con los ojos cerrados y los oídos, la mente y el corazón bien abiertos, porque solo así es cuando las cosas importantes suceden, y hay que estar preparados para todo y para nada.

Nunca creí en verdades absolutas, sin embargo, esta frase tiene más razón que un santo, aunque nunca fui muy católica ni creí en imágenes estampadas de seres con aros de luz en la cabeza y mirada angelical que se creen que debo agradecer cada logro, cada meta, cada sueño cumplido en mi vida, porque ellos son capaces de regalarme un día para mí. Solo un día para mí.

Lo que ellos no saben es que, cuando llega ese día, prefiero descansar, tumbarme en la cama viendo la vida pasar. Pues yo no necesito un día para celebrar, necesito una vida entera para comprender que lo que fácil llega, fácil se va. Y que, aunque nadie dijo que fuera fácil, también dijeron que lo imposible siempre tarda un poco más. Pero llega, y tanto que llegará, aunque muchas veces nos cansemos de esperar y lo queramos todo ya.

Muchos de los aquí presentes han promulgado, que no comulgado, con la mítica frase: ‘Que sea lo que Dios quiera’. No sé a ciencia cierta quién será su autor, pero fuera quien fuese, no debió tener la suficiente confianza en sí mismo como para creer que todo lo que ocurre a su alrededor es por fuerzas mayores o energías superiores, y no por él mismo.

Las mareas, huracanes, terremotos y demás fenómenos naturales tienen la fuerza necesaria para arrasar con todo. Con todo lo que se propongan. Aunque muchas veces no lo hagan de la mejor de las maneras, pues, tras su paso, derriban muros, casas, provocan miedo, incertidumbre… quitan vidas.

Cuantas veces me creí huracán, pues destruía todo y cuanto estuviera en mi mano. Sin querer, sin poder evitarlo. Y cuán pocas veces creí ser Dios, porque huracanes hay muchos y todos tienen nombre de mujer, pero dioses solo hay uno, y no hablamos del Olimpo, aunque cada religión tenga al suyo, aunque tú decidas a cuál creer. Todo, menos creer en ti.

Hoy me he mirado en el espejo y he visto reflejado en él, un simple rostro, con dos ojos, una boca, unos labios, una nariz y tantas otras cosas. Hoy entendí, que para que las cosas ocurran no debo creer en dioses, simplemente, en mí.

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