Desvirtuando la realidad

Reloj
Reloj

Hace un par de meses decidí quitarme el WhatsApp y a lo largo de este tiempo me he dado
cuenta de algunos pequeños detalles. Tal vez la mayoría no penséis como yo, y lo entiendo
perfectamente ya que estas líneas solo reflejan mi realidad. A continuación relataré de forma
breve algunas de las conclusiones a las que he llegado un día cualquiera sin esta y otras social
networks.

Al cabo de un tiempo, tras desinstalar WhatsApp de mi teléfono móvil, me di cuenta de que
esta aplicación desvirtúa la realidad. Se nos vende como una oportunidad genial de estar en
contacto con nuestros seres queridos y algunos podrán argumentarme que en la actualidad
todo el mundo se mueve por él, tanto para quedar con amigos, concertar citas o reuniones de
trabajo. Es cierto, al igual que es cierto que se trata de un buen mecanismo para estar
controlados y un lugar repleto de grupos, en ocasiones inservibles, que tan solo logran
robarnos lo único que tenemos: tiempo. También pueden argumentarme que es una buena
forma de transferir fotos, archivos o momentos que compartes con la gente que quieres, sin
embargo yo puedo argumentar que existen multitud de plataformas que nos dan la posibilidad
de realizar esta misma función.

Otra impresión que extraigo de este tiempo sin WhatsApp es que se conoce a la gente
mediante una pantalla que realmente no expresa aquello que son pues, más tarde, cuando
conoces a esa persona, en la realidad, te das cuenta que es otro tipo de gente, otro tipo de
alma.

Por otro lado, he apreciado en mayor medida la esclavitud a la que estamos sometidos.
Vivimos un momento, un presente, una realidad en un cuerpo y en este plano de ser humano y
nos pasamos la mayoría del tiempo fuera de ese momento, de ese presente, de nuestra
realidad. Estamos enganchados al móvil, a las fotos, a compartir un presente que no estamos
viviendo, somos adictos a mostrarle al mundo nuestra vida y para ello dejamos de vivir. Por
supuesto que se puede y deben hacer fotos pero, ¿es preciso enviarlas en ese mismo
momento, tanta es nuestras necesidad de mostrarle al mundo lo que estoy haciendo? Parece
ser que sí. En mi opinión es una necesidad creada. Podemos enviar unas fotos que hemos
hecho hoy en ese mismo momento o podemos utilizar otra aplicación para reunir todo lo
recogido y enviarlo más tarde y recordarlo con el tiempo, porque realmente es el recuerdo lo
que queremos transmitir. ¿Queremos transmitir el presente? El presente es para vivirlo, es el
recuerdo de ese presente lo que debe perdurar, no el presente, sino el recuerdo.

No tengo WhatsApp desde hace tiempo y realmente vivo mejor, no estoy pendiente del móvil
constantemente. ¿Te has fijado alguna vez en el tiempo que perdemos mirando el WhatsApp
por si nos ha llegado algo y no nos hemos enterado? Mirando el WhatsApp pierdes tiempo del
presente y el presente es lo único que realmente existe. Considero al WhatsApp un fallo del
sistema, un fallo de la sociedad que te hace querer recordar algo, compartir algo con alguien
que no está en ese momento contigo, sin embargo olvidamos que esa persona también tiene
un presente que deber perdurar en su vida; es su presente el que debe perdurar y no el tuyo;
tu presente tiene que perdurar en tu vida no en la vida de los demás. Para comunicarnos, para
tener contacto con las demás personas existen muchas otras formas de poder hacerlo. Una de
las formas con mayor valor ha sido la llamada; la llamada es una forma de comunicarse

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