Detrás del fracaso

Fracaso. Esa palabra que todos conocemos y que tanto tememos, ese sentimiento de impotencia, de haber querido y al final no haber podido.

 De tristeza, lloros y lamentos. Un mundo oscuro dónde, en ocasiones, no encontramos momento para la huida, un laberinto repleto de trabas y hostias que nos impiden encontrar una salida. Es, para todos, esa pesadilla que desde pequeños nos acompaña, esa conversación que cada noche repetimos con la almohada. Y bien, si os preguntáis el por qué de estas palabras, continuad leyendo lo que hoy os cuento.

Es irremediable y a la vez imprescindible fracasar en esta vida, es de vital importancia darse de morros con realidades que, detrás de cada esquina, aguardan su turno impacientes, para saber cuales son nuestros defectos y finalmente nuestras virtudes. Por ello debemos seguir actuando como los seres irracionales que somos. Sí, irracionales, por mucho que la ciencia diga, nadie podrá garantizar la razón por la cuál una persona se decanta a la hora de decidir, ya que la mayoría de veces, dementes, decidimos con el corazón.

He aquí la cuestión por la que hoy me pongo manos a la obra, el corazón. Ese pequeño motor de nuestros cuerpos, el director que dirige la orquesta de la vida, nuestro as en la manga. Y eso es la vida, fracaso tras fracaso nuestro reloj de arena se va vaciando, decisión tras decisión se va conjurando la formación de soluciones, de lecciones aprendidas, de guerras ganadas que comienzan con la primera batalla perdida.

Fracasemos sí, pero con corazón, hagamos de nuestros sueños un propósito y de todas esas hostias que la vida nos regala fábulas de final perfecto pero aún incierto. Porque para lograr nuestros objetivos primero debemos mascar el fracaso, en él fundirnos y asimilarlo. No temáis a la decepción, es un simple monstruo que en nuestro interior alimentamos, y por muy terrorífica que parezca, sigue siendo nuestra y solo nosotros podemos hacer que desaparezca. Así que, fracasad, que detrás de cada fracaso, os prometo, está la felicidad.

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1 Comment

  • Me ha encantado este relato. Me he sentido muy identificada y me ha hecho pensar, que creo que es para lo que la gente se mete en estos blog, para pensar y para qué nos abran los ojos al mundo. Y esta es la verdad, que el fracaso nos enseña, no nos hunde. Que cuando hacemos algo con el corazón y fracasamos no debemos rendirnos, o por lo menos no debemos dejar de tener ilusiones por eso. Siempre hay que seguir…. seguir hacia nuevos fracasos porque significará que lo hemos intentado. Muy bonito.

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