Día internacional de la música

Foto: Silvia Pinilla Espinar

Alguien sabe algo de la música?, ¿sabe alguien si va a tardar mucho en volver?. No se vosotros, pero yo sin ella estaría perdido. Hablo de esa música que silencia planetas, de sinfonías que resucitan, incluso, a aquellos que deambulan vacíos de alma y mente por los suburbios de las ciudades mas inhóspitas de este condenado mundo.

Música; notas y silencios apareándose sobre camas de cuatro o cinco patas, sostenidos y bemoles que bailan al compás de la vida. Canciones que pasan a ser recuerdos como presentes vividos e inacabados. Música; voces que rompen cristales mientras hacen el amor con tímpanos y corazones, letras que resumen historias de valientes, de mentes abiertas que comparten todo aquello que, en alguna parada del camino, han sentido.

Y hoy, es el día internacional de la música. Y aunque disfrute de ella cada veinticuatro siete del mes, hoy quiero poner mi granito de arena a favor de esa lucha que artistas de todos los rincones del planeta tienen cada día. Pero no, no estoy a favor de esos “vendediscos” que, únicamente por su nombre, llenan campos de fútbol. No quiero saber nada de aquellos que defraudaron a sus primeros fans justo en el momento en que comenzaron a ser “alguien”, justo en aquel momento en el que decidieron vender, no únicamente su propia voz o su propio arte, sino también los oídos y corazones de todos aquellos que, desde la primera nota, estuvieron ahí, a pie del cañón.

No, este pedacito de mi va dedicado a aquellos que sienten como cada acorde de guitarra desnuda lentamente su alma, a aquellos que se dejan la piel en cada actuación. Gente que no ven su sueño hecho realidad cuando la caja registradora empieza a sonar, ni se matan por lograr discos de platino, ni prostituyen su don por un par de “likes” más en su página.

Hoy es vuestros día, hoy debo daros las gracias. Debo agradeceros aquello que provocáis en todo nuestro sistema nervioso cuando nuestros tímpanos vibran al compás de vuestro arte, por llenar nuestros corazones de turbulencias sonoras con vuestro “no se qué” que tan bonito suena. Mil gracias.

Y no, no puedo despedirme sin haceros una petición. Seguid volando libres, seguid vibrando al son de vuestros instrumentos, seguid demostrando al mundo que la vida con música está muchísimo mas viva. Y no, no os vendáis, dejad que la música evolucione pero jamás permitáis que nadie la viole. La música se escucha, se ama y se siente, pero no dejéis que jamás nadie os la toque.

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