Dios de “finde”

Hubo un día

en el que conocí

a un dios

de nombre Cubata.

 

Nos encontramos en una discoteca

y nadie podía separarlo de mis dedos

contrajimos un gran enlace.

 

Cuando surcábamos a la gente

éramos uno

la música nos acompañaba

Él pegado a mí

yo apretándolo contra mi pecho

era una relación perfecta

cada vibración

nos hacía más fuertes

nadie nos debía separar

de hacerlo

Él moría

y yo

el sentido perdía

hubiese sido como desgarrar

cada centímetro de nuestra existencia

igual que perder cada experiencia

en el segundo

de nuestra inexistencia.

 

Sonidos sordos

nacidos de la caverna

se adornan de luces

impidiendo asomar la cabeza

allende donde el sol ilumina

la claridad de una luna

rogando lo primogénito

bajo la bruma

de una noche silenciosa

alzando el grito

a una humanidad

que perdió el sentido

en la banalidad

pues no hay más fragilidad

que sentirse fuerte

creyéndose superior

a cualquier adversidad

sin ser consciente

que la superioridad

es la imperfección

dibujada en las líneas

del más pueril

recién nacido.

 

La existencia

no es más que la nada

el ahora sin la razón

el hoy con la emoción

de vivir en la incertidumbre

sabiendo

que el mañana no existe

y que si muero

resucito.

 

H.D.

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