Distancias

Distancias
Distancias

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Concederme su tiempo era
su mayor proeza.Cuando la noche caía
también calculábamos las distancias
entre nuestros cuerpos,
con una nueva medida
inventada por ambos,
la magnitud de nuestros sueños.

Ahí, el tamaño sí que importaba,
no era lo mismo
recostarse a dormir sin más,
que ansiar que la enorme luz de luna
escalase por la ventana
para ser guía nocturna
y comenzar a avanzar en lo onírico
buscando nuestra respuesta.

Cuando la luna se empezaba a llenar
nosotros nos empezábamos a vaciar
de sentimientos, de secretos,
y ella siempre fue testigo mudo
de almohadas febriles,
de muchas noches en vela,
jamás se cansó de ser
cómplice de lo nuestro.

Sentíamos más que amor,
era mutua admiración.
Aquella noche pude admirar
la serenidad de su persona
en la realidad de sus palabras,
pude sentir la vida en mis huesos
y la verdad en mis arterias.
Ahí fue donde me di cuenta de que,
en una vida a su lado,
mi alma y mi cuerpo
menguaría en la noche de mis días
pero jamás entraría en declive
mientras la luna fuera luna,
y juntos tuviésemos un sueño
por el que mantenernos vivos.

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