Donde me encuentro

Photo by pablo sánchez on Unsplash
Photo by pablo sánchez on Unsplash

****

(Este es el primer capitulo de una serie destinada a crear un personaje. Alguien inteligente, observador, con un punto cínico aunque también, sin reconocerlo, amante de la vida. Transgresor, hasta cierto punto e hiriente en sus afirmaciones siempre sin maldad. De opiniones fuertes pero amante de la conversación y de conocer otras vidas. De saberse no estar en posesión de la razón  y amando el pensamiento y la reflexión por encima de todo. Alguien que nos llevará por caminos diferentes a los que estamos acostumbrados.)

****

La sala donde me encuentro es de un tamaño generoso. Lo suficiente para que una mesa de madera redonda con sus cuatro sillas y un sofa de cuero verde, raído, que conserva cierto corte clásico, se acomoden en la estancia sin causar la sensación de ahogo. No hay nada más en la habitación, a excepción de unas cortinas de tela fina amarillenta, corridas, que permiten que la luz de dos grandes ventanales enrejados que dan al jardín entre y ilumine la estancia en todo su esplendor. ¡Ah! y eso dos, llamémoslos cuadros, de corte abstracto, que se usan para llenar el bulto en las salas de espera mal colgados.

Un Halo de depresión inunda el lugar aunque a ninguno de los habituales de la sala, entre los que me encuentro, parece importarnos demasiado. El sofa, al contrario de lo que se podría esperar si esta gente hubiera tenido un mínimo de conocimientos de decoración, se ubica en el centro, perpendicular a la mesa, que resta ocupando una de las esquinas. En frente a este y contra la pared, hay una televisión de plasma, que lleva encendida todo el día, y que no deja de escupir bazofias en el canal 24h de televisión Española.

¡Joder!, gracias a Dios que tenemos cable en este hospital!

He de decir que la televisión me irrita. Es como un canto de sirena al que no puedo dejar de prestarle cierta atención aunque intente evadirme en otros pasatiempos como en este caso, la lectura de un libro. Es como si el rabillo del ojo tuviera vida propia. A la que me despisto vuelvo a echar un vistazo al escote de la presentadora de las noticias que, para variar, no deja de decir una y otra vez lo mismo, en un bucle infinito.

Ya he perdido la cuenta de las veces que han hablado de la noticia del día, el atentado en la estación de Estocolmo.

Un “terrorista”, solo, armado con un cuchillo de caza, se ha puesto ciego de rebanar gente. Ha campado a sus anchas durante unos buenos 10 minutos hasta que, unos policias de esos armados hasta los dientes, lo han abatido. Como se dice en el argot.

No dejan de pasar una y otra vez las imágenes de las cámaras de seguridad. Imágenes en blanco y negro. Gente corriendo despavorida. Algunos cómicamente buscando no ser vistos detrás del carrito de las maletas, ¡Hay que joderse! como si el terrorista en cuestión fuera tonto y no fuera capaz de verlos… Me recuerda cuando de niños jugábamos al escondite, nos colocábamos detrás de la cortinas y mi padre se hacía el loco. Tragicómico.

Detrás de ellos, como una sombra, el supuesto terrorista que, con un paso tranquilo, avanza errático. Son 10 segundos escasos de grabación. De repente cae en al suelo. Resta inmóbil. Un policia sin dejar de apuntarle se acerca para comprobar que esta bien muerto. Y fin. Y vuelta a empezar.

Ha sido el ISIS ese, dicen. Parece ser que ha reclamado el atentado. Es increible que estos tios sean capaces de crear tal sensación de caos y miedo. Pensamos que nuestro mundo, nuestros estados y economía son fuertes, casí inexpugnables. Pero la verdad es que unos putos pastores de ovejas que Dios sabe donde se encuentran son capaces de ponernos los cojones por corbata. O al menos eso es lo que me parece a mí.

¡Si al menos fueran unos terroristas como Dios manda! Como lo fueron en su tiempo el movimiento Sionista, el IRA o las sendero luminoso por citar algunos grupos armados del controvertido siglo XX.

Pero no, hoy nos hemos de conformar con terroristas de tebeo. Que nadie sabe de donde han salido, quienes son, ni que es lo que quieren (aparte de conquistar el mundo, claro). Me recuerdan a aquella organización de ultramalvados de James Bond: “Spectra” liderados por un megamalo que nunca se le veía la cara sino solamente su regazo con un gato blanco al que no dejaba de acariciar mientras chantajeaba al mundo con su total destrucción (incluyendo la suya propía, ¡vaya sinsentido!) por una suma indecente de dinero.

Sí, la verdad es que ISIS o EI o como los llamen se parece mucho más a Spectra que a otra cosa. Solo hay una diferencia: Los malos en James Bond eran una organización como Dios manda. Se llamaban a si mismo por números con el objetivo de mantener el anonimato (“número 1” era el jefe y después los lugartenientes eran “número 2”, “número 3” y así…) y tenían una clara jerarquía y unos medios para hacer el mal muy respetables. Armas a tutiplen, aviones, coches…

Hoy en día nuestros terroristas son chavales de veintipocos que tienen su bautizo grabandose un video en Youtube donde proclaman su lealtad a unos ideales para después inmolarse por ellos con lo primero que encuentran. Y los del ISIS, que estoy seguro no tenían ni puta idea de su existencia ni sabían de ellos, una vez se enteran de la que han liado en su nombre por la televisión (como cualquier hijo de vecino) son los primeros en decir que sí, que eran de los suyos desde hace tiempo y que lo tenían todo pensado de antemano. ¡Que zorros que son los puñeteros!

Bien pensado realmente los terroristas son youtubers y los del ISIS unos putos community managers… ¡terrorismo 2.0, vamos!

Vaya tela. No, si al final los loqueros tendrán razón de tenerme encerrado entre estas cuatro paredes… ¡da igual!… a ver si me acabo de concentrar en la lectura que este libro que esta, ¡pero que muy interesante!

*  actualización a día de hoy: Acabo de saber del atentado en Barcelona y, primero, porque soy de Allí y, segundo, porque en este texto, escrito ya hará unas semanas, había utilizado el terrorismo como tema para construir mi personaje a través de una reflexión punzante, aprovecho para dar condenar este terrible atentado y acompañar a las víctimas y heridos en el pensamiento.

More from Vicens Fayos

El paseo y la chica

Hoy nos han sacado a pasear. Supongo que confían en nosotros y...
Read More

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *