El reloj de arena

Y de pronto, sin aviso alguno, lo veo sentado en su sillón, veo como la vida ha dibujado un mar de arrugas en su rostro. Cierro los ojos, vuelvo a mirar, ahí sigue, no se trataba de alucinaciones ni pesadillas, era la puta realidad.

Entre la nostalgia encuentro un momento para detener mi llanto y mirar hacia atrás. Mis recuerdos son lejanos, demasiado lejanos para acordarme con exactitud. Por ello, decido mirar donde los recuerdos no tienen fecha limite, el lugar donde los recuerdos perdurarán hasta que cierre los ojos por última vez.

Doy de lado a mi mente y abro de par en par las puertas de mi corazón. Ahí está, vuelvo a sentir mi niñez, vuelvo a sentir esa protección que solo ellos pueden dar. Ahí lo vuelvo a ver, vuelvo a senitr a mi ángel de la guarda en todo su esplendor.

Es un sentimiento alegre que consigue aterrarme, es la mezcla entre felicidad por recordar y tristeza por comprender la realidad. Y sí, entonces comprendo que cada vez está más cerca su final.

Muchas noches es mi último pensamiento antes de dormir, en mi cama suelo preguntarme; ¿qué será de mi cuando el ya no esté?. Es una idea que como un relámpago agita mi sangre y como un sólo de timbales acelera mi corazón.

Pero al despertar, vuelvo a sonreir. Vuelvo a recordarlo sentado en su sillón y noto como mi mente ya es capaz de razonar. Me asomo a la ventana y junto al primer rayo de sol que deslumbra mis ojos oigo como su voz habla desde lo más profundo de mi corazón. Entonces llego a la conclusión de que él no ha sido sólo mi segundo padre, no únicamente me ha querido incondicionalmente, no le ha bastado con anteponer su vida a la mía cuando ha tenido ocasión.

El me ha enseñado una filosofía de vida totalmente diferente a la de la mayoria de las personas. Y gracias a él puedo decir que la vida es tan puta como bella y que por esa misma razón vale la pena vivirla.
Me ha enseñado una religión la cual está prácticamente extinguida. Y gracias a él puedo decir que tengo fe en las personas, que toda persona nace buena aunque luego demuestre lo contrario, y que sin las personas buenas no habría Dios que salvara a este planeta.

Y sí, su final está a la vuelta de la esquina,  miro su reloj y ya no queda casi arena por caer, veo en el horizonte la temible despedida. Pero entonces, alzo la mirada y, limpiando las lágrimas de mis ojos, vuelvo a contemplarle en ese sillón. Pero esta vez es diferente, esta vez se que esas arrugas de su rostro simbolizan todas las veces que ha roto a carcajadas, se que su corazón se ha debilitado por la fuerza con la que durante si vida ha latido, se que él abandonará este planeta con una sonrisa de oreja a oreja al saber que un rio de lágrimas correra por su ausencia.

Porque ese debe ser nuestro objetivo en la vida, conseguir un final con nuestra gente que entre lágrima y lágrima nos despida, y que mirando al cielo nos digan; muchísimas gracias por haber compartido con nosotros tu vida.

Y si abuelo, tu me lo has enseñado, a todos nos llega la hora, pero creeme que cuando llegue la tuya podré dejar de verte, pero nunca dejaré de sentirte.

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