El sonido de las llaves

Elena escucha el sonido de las llaves entrando en la cerradura. Automáticamente comienza a temblar y toma en brazos a su hermana, escaleras arriba, hasta que se refugian debajo de la cama de su habitación de niñas.

Por la puerta, sudoroso y oliendo a alcohol barato, entra en la casa el padre, tropezando con las sillas. A partir de este momento todo es imprevisible, como la mayoría de los días desde hace tres años en que su esposa murió en aquel terrible accidente de tráfico.

Nadie le obligó a casarse de nuevo, fue decisión suya y sólo suya contraer matrimonio con esa nueva mujer a la que odiaba tanto. Sin embargo, culpabiliza a sus hijas por haberse visto obligado a buscarles una nueva madre. Por eso ahora su frustración la paga con ellas.

Arriba, Elena, enmudecida, abraza a su hermana con toda la protección que una niña de siete años puede ofrecer y le susurra al oído palabras de consuelo.

Mientras, abajo en la cocina, se escucha una conversación que va subiendo de tono y los primeros gritos ahogados en llanto de una mujer.

Y ahora unos susurros.

Y segundos después, el sonido de un cuerpo al caer al suelo inerte.

Mientras, al otro lado del rellano de la escalera, los vecinos oyen y sin embargo callan.

 

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