Ellas

Ellas
Ellas

Ellas. Con un oscuro y profundo secreto entre sus piernas. Dulce chocolate cubriendo cada rincón de su cuerpo. Combatientes en una lucha sin fin que no admite bandera blanca. Ellas, contra un doble enemigo. Mujeres y negras. Machismo y racismo.

Ellas. Descendientes de aquellos que vinieron de otro mundo contra su voluntad. Hijas de cadenas y grilletes, de esclavitud. Ellas, cuyos orígenes se remontan a aquellos tiempos en los que el hombre blanco no hacía nada y el negro debía hacerlo todo. Ellas, que lo hacían todo porque las blancas no sabían hacer nada.

Ellas, discriminadas, rechazadas, insultadas, vejadas, ninguneadas. Ellas, en segundo plano. O tercero. O incluso fuera del cuadro. Ellas, invisibles. Hasta que llegaron las primeras.

Ella, Ruby Bridges. Primera en una escuela de blancos. Escuela primaria, tan solo 6 años. Escoltada por la policía federal. Y aislada. Con tan solo 6 años, aislada. Porque era negra.

Porque provocaba rechazo. Una niña negra les provocaba rechazo. Un año acudiendo sola a clase. Literalmente. No toques a mi criatura, que la tiznas…

Ella, Rosa Parks. Ella iba en autobús. Y decidió sentarse como una viajera más. Pero ella era negra. Su sitio estaba atrás. Su derecho a un asiento en medio quedaba subyugado a las necesidades blancas. Y un hombre blanco subió. Y ella se negó. Y eso le llevó a la cárcel.

Perturbación del orden, le dijeron. Porque el blanco va con el blanco, el negro va con el negro. Matices del gris prohibidos por ley.

Ella, Mary Jackson. Hoy, conocida como personaje de película. Ellas, Dorothy Vaughan y Katherine Johnson, compañeras de trabajo y de batalla. Ellas, mentes privilegiadas, trabajando para la NASA, empezando en la NACA. Ellas, grandes mujeres escondidas tras grandes hombres. Calculadoras negras. Negras como el futuro que hubiesen podido tener. Pero no.

Mary quiso progresar, quiso ascender hacia aquellas estrellas a las que mandaban aquellas naves. Quiso soñar. Y soñó y luchó. Y lo consiguió. Mujer, negra e ingeniera. La primera del lugar.

Ella, Viola Davis. Mujer dividida entre pantallas. Camaleónica. Sirvió a mujeres blancas, contó la historia de las criadas, su propia historia, la historia de Aibileen, la historia de Viola. Ella, mujer reconocida por la Academia. Ella, nominada tres veces a un Oscar. Ella, por fin premiada.

Ella, primera en tener los premios más ansiados en su profesión. Ella, eclipsada por un error en unos sobres.

Ella, Michelle Obama. Primera dama. Sí, la mujer de alguien, pues ni siquiera una mujer blanca ha llegado tan lejos todavía en el país más poderoso del mundo. Ni en otros muchos países.

S.XXI, pero así seguimos. Más conocidas por nuestros maridos que por nuestros logros. O por nuestra vestimenta. O por nuestros modales en público. Eso es lo importante, ser un buen elemento ornamental, maquillado de responsabilidades para con un país. Responsabilidades secundarias, el que manda es él.

Ellas, desconocidas. Ellas, levantando naciones. Ellas, sinónimo de progreso para la humanidad. Ellas, semillas de futuro. Ellas, grandes de la historia. Ellas, mujeres. Ellas, negras.

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