En la mitad que aún conservo del alma

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Del enceguecedor vacío de su imagen,
duelen los ojos de tanto no verle,
como los pechos sin cría
me duelen los besos que esperan por su boca;
duele sonido ensordecedor de su silencio
y se acumulan en mi espalda y pesan,
todos los abrazos que quise darle.

Duelen en mis manos las caricias pendientes,
y aquellos pasos que ya no acompañan su camino
le duelen hoy a mis pies,
duele tanto y tanto el espacio vacío
que ocupa su ausencia en mi cama;
y del roce insistentemente lejano de sus manos,
no me soporto la piel.

Me duelen las mariposas que se niegan a rendirse
y la mueca de tristeza que ha cubierto de polvo
la sonrisa de verle llegar;
es que aún duelen los minutos previos a su despedida,
duele el miedo a las certezas, duele la realidad,
las hojas del almanaque vacías y los segundos eternos,
cada promesa fallida
y en la mitad, que aún conservo, del alma,
duele usted que no me amó.

No señor mío, no a todos nos cura el tiempo,
el amor que a mi me aqueja, voluntarioso, terco,
no se acaba porque digamos adiós,
se acaba cuando deje de doler
y usted todavía me duele.

Adriana Acosta Álvarez
@NuevoPapel

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