El escondite de los cobardes

Despertarte cada día con la misma sensación. Conviviendo con la misma pesadilla cada noche. Y viviéndola en tu propia piel cada día.

¿Por qué?  

Y no tener a nadie que conteste todas esas dudas que rondan por tu cabeza cada momento del día. Y sin embargo, tener la certeza de que nadie más te entiende.

Exageras -dirán algunos.
No es para tanto -asegurarán otros.

Lo único cierto es que ninguno de ellos sabe por lo que estás pasando. Y hablar sin saber está de más. Desconocen hasta qué punto pueden llegar esas palabras malsonantes. Esas risas. Esos malos momentos siempre precedidos de un “fue sin querer” o “era broma”.

De todas las excusas, la que más me llama la atención es la de “déjalos, son bromas de niños”. Como si con esa “frase mágica” pudieran justificar lo injustificable y paliar todo el mal ya hecho. Yo prefiero llamarlo el escondite de los cobardes. Cuando ya no saben a qué acarrear todo el cúmulo de situaciones despectivas, se van con esas de que si era una broma inocente.

Vayamos por partes…

¿Broma? ¿Acaso es una broma hacer que cada día salga del colegio un niño sin ganas de volver? ¿convivir con ese miedo al qué dirán constantemente en el cuerpo? ¿Plantearse y avergonzarse una y otra vez de todo aquello que le hace ser “diferente”? (a lo que se aferran aquel grupito de “iguales” para ejercer el poder que creen tener sobre él).

Por otra parte está el discurso pasivo y conformista: “Si no es para tanto, son cosas de niños. Tonterías de adolescentes”. No hay derecho a que la infancia de un niño esté marcada por el miedo. Ni la adolescencia. Ni cualquier etapa de vida de las personas, por supuesto que no. No hay derecho a que las miradas de otros le hagan agachar la cabeza cada vez que pasa por delante. No hay derecho a que los compañeros se tapen los oídos por miedo a ser ellos el próximo cebo.

No hay derecho a taparse los ojos ante el horror de los demás por el “simple” hecho de no vivirlo en nuestra propia piel. Por omisión, nos convertimos en cómplices de situaciones como éstas. Y me refiero a situaciones de violencia, desprecio, insultos y malos tratos de cualquier índole y hacia cualquier persona ya sea física o psicológicamente.

No tienes que convivir con ello . Pide ayuda. Hazte oír. Porque tu voz tiene mucho que decir y queremos escucharte.
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