Espinas…pasiones

En la bruma de la soledad

me descubro en aquella mirada

con furor y mal presagio.

Supe, entonces,  te quedarías para siempre

sin forzar al destino.

Incrédula le preguntaba al cielo

cuál era el augurio de este encuentro.

No hubo respuesta.

Un eco resonó entre  la razón y  la cobardía.

¿Hacia dónde se inclinaría la balanza?

Te supe deseándome

y éramos dos deseándonos.

El mutismo de tus labios y los míos

hablaron de un… ! Hasta aquí!

No sentimientos, no ser uno,

sólo carne, como animales

insaciables.

Y aún en la carne me rasgaría

por cada poro hasta hallarme desnuda

del alma ante ti,

porque mi alma te amó como a nadie,

sin conocerte, escucharte o verte.

Te sé dueño de mi respirar,

de mi agitación al saber tu fuego

de noche sobre mi fuego de día.

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