¿Existe la clave de la felicidad?

Le quedas bien a la vida
Le quedas bien a la vida

Estaremos ya hartos de escuchar todo eso de que año nuevo, vida nueva. Querremos poner en práctica todas esas cosas que nos propusimos el día 1 de enero y que ya, tan solo diez días después, empezamos a ver menos claras.

Seamos realistas, no vamos a apuntarnos al gimnasio y, si lo hemos hecho, no tardaremos en borrarnos en febrero. Tampoco vamos a ser mejores personas que el año pasado y seguramente no hagamos algo épico en 2017. No pretendo desanimar con mis palabras, simplemente es recalcar un hecho que en el fondo todos sabemos incluso desde el momento de lanzar una nueva lista de propósitos cada año. Pero, ¿significa eso que no podemos ser felices?

Creo que nada más lejos de la realidad. De hecho, creo que la clave de la felicidad no está en intentarnos autoengañar diciendo que este año seremos lo uno o lo otro. Más fuertes, más valientes, que podremos con todo. ¿De veras nos autoengañamos? Quizá realizando esas interminables listas de propósitos y deseos (prácticamente) inalcanzables, lo único que consigamos sea machacarnos a nosotros mismos y no saber encontrar la felicidad de la manera más simples: siendo tal y como somos.

Es cierto que intentar ser mejor nunca está de más. Sin embargo, si nos centramos solo en eso perderemos una parte esencial: nosotros. ¿Quiénes somos? ¿Por qué somos como somos? Tal vez la clave sea prestar un poco de atención a nuestro interior y averiguar por qué somos de cierta manera antes de intentar mejorarla a toda costa. Si parece tan fácil, ¿por qué no lo ponemos en práctica más a menudo? Creo que el factor principal que nos echa para atrás a la hora de la verdad es el miedo. El miedo a conocernos a nosotros mismos, a saber qué es aquello que nos aterra o conocer algún hecho del pasado que hace que ahora de adultos seamos tal y como somos.

Por ello, en mi opinión la clave de la felicidad se encuentra en querer afrontar la vida de la forma más valiente que existe: empezando por nosotros mismos. Y es que, a partir de ahí, nunca dejaremos de crecer y le empezaremos a dar importancia a cosas que antes nos resultaban prácticamente invisibles.

Quizá la clave de la felicidad absoluta no exista, pero hay algo que tengo claro: nunca dejaré de dar importancia a los pequeños detalles que hacen que la vida sea más llevadera. Y es que así somos los inconformistas.

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