Hoy quiero sopa para cenar

Sopa
Sopa

Cuando era pequeña, en mi casa la cena consistía, básicamente, en un plato de sopa de verduras. Podía ser sopa en juliana, de acelgas con patatas, cremas de diversos colores y sabores o sopas inventadas. Cada noche, salvo ocasiones especiales, tomábamos sopa en la cena.

Esa era mi cena a los 7 años, a los 9 y también cuando tenía 11, 13, 15… A mi padre le gustaba mucho cenar un plato de sopa cada noche, era su momento de confort y descanso tras una larga jornada de trabajo.

Llegó un momento en que a mi me aburría la sopa de cada noche. También, de adolescente descubrí que la mayoría de mis amigas y amigos cenaban cosas más divertidas. Al menos me lo parecía porque eran diferentes…

Cuando pude decidir qué y cuando cenar, dejé de comer sopa…de hecho decidí que era lo que menos me gustaba en el mundo. Me empecé a
aficionar a todo tipo de cenas con sabores intensos, fuertes y por lo general poco vegetales.

Conforme han ido pasando los años, me doy cuenta que por las noches, un plato de sopa, de puré o de algo ligero, vegetal y calentito, es lo que mejor me sienta. Además hay purés que favorecen el sueño, como el de calabaza por ejemplo.

Necesité hacer mi propio recorrido, alejarme y disgustarme con lo que había tenido en casa para poder volver a apreciar el valor que tenía la sopa de cada noche. Hoy soy yo quien elijo sopa para cenar. No es la misma sopa que cenaba en casa de mis padres, es MI sopa, mis sabores, mis ingredientes que, aunque algunos sean comunes a los de mi infancia, la combinación y preparación es diferente.

He aprendido de las sopas de mis parejas, de mis vecinas, de mis compañeras de piso, de mis propios descubrimientos.

Y es que, en parte, la vida de una persona se asemeja a este ciclo. Te alejas del legado para investigar, para perderte en lo desconocido y encontrar nuevos sabores, a veces a base de golpes y de dolor. A veces te regodeas en los sabores amargos y te vuelves abanderada de ellos, aunque te sienten mal. La vida o quizás más bien la madurez, consiste en esto, en encontrarte recogiendo de nuevo lo que creías que no era para ti. Encontrarte decidiendo volver a casa para cenar un plato de sopa humeante.

Investigar cómo quieres que sea “tu sopa” de hoy es lo importante, en mi opinión. Sacar mis propias conclusiones y aprendizajes es lo que me da la madurez para elegir cómo quiero cocinar mi sopa, cómo quiero cocinar mi vida.

¿Cual es tu sopa de hoy? ¿Qué conquistas has logrado? ¿Qué pasos has dado hasta llegar a ella?

Métete en la cocina y prepárate tu propia sopa.

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