Hoy sí

Hoy sí. Hoy era el día. Lo había estado esperando desde hace mucho tiempo y ya estaba aquí. Era el día, sin lugar a dudas. Llevaba desde las seis y media de la mañana tumbada sobre la cama, custodiada por un gran repertorio de vestidos que vistos desde arriba adoptaban la forma de un abanico gigante. Dos tostadas con mantequilla y un zumo de naranja parecían observarla desde la mesita de noche. No tenía apetito, tenía un nudo en el estómago que no le había dejado conciliar el sueño en la última semana. Tantas noches en vela le habían propiciado una visión de la realidad mucho más certera que cualquier diario informativo que repartían a diestro y siniestro en la entrada de la universidad y que siempre acababa recogiendo religiosamente para luego apilarlo en un rincón de su habitación.

Estaba convencida, hoy sería el día. Echó un vistazo al reloj que marcaba ya las siete y cinco y de un salto dejó la cama derramando consigo todos los vestidos. Se enfundó el que casi siempre se ponía para las ocasiones importantes y se dispuso a tapar esas ojeras y a darle un poco de color a un rostro pálido que lo había adquirido después de tantos días sin ver luz natural y que ya empezaba a formar parte de su ser. Mientras se miraba en el espejo recordó las palabras que tantas veces le pronunciaba su madre cuando la veía un tanto desaliñada: “Una buena imagen abre muchas puertas”.

Terminó de ajustarse el vestido frente al espejo e hizo un guiño en señal de aprobación.

– Ya estoy preparada– Se dijo para sí misma con la convicción de quien ya ha perdido los suficientes trenes pero sigue dispuesto a correr por el andén hasta subirse a uno.

No permitiría que las dudas le asaltaran en el último momento, esta vez no, esta vez todo sería distinto. Se había dicho una y otra vez que lo conseguiría aunque solo fuera por ver la cara que pondría su hermano. Ya hacía un año desde que este se marchó a Alemania a trabajar como ingeniero en una fábrica de automóviles pero seguía echándolo de menos como el primer día. Un sentimiento de nostalgia le recorrió como un escalofrío por todo el cuerpo antes de armarse de valor y salir por la puerta llevando consigo meses de trabajo y esfuerzo.

Pero hoy sí, hoy todo sería diferente, hoy nada podría salirle mal. Era el día que tanto tiempo había estado esperando. Era el día de hacerles ver a unos señores que ella servía para esto, que ella había nacido para ello, y que estaba preparada para enseñar más allá de aquellas cuatro paredes, porque ser maestra era su sueño y los sueños nunca pueden salir mal cuando se les pone corazón, y hoy, hoy sí, hoy tenía la corazonada, sería maestra, por fin.

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