La búsqueda

Hace poco escuché una canción que está ahora en los éxitos del momento, “Seven years”, de Lukas Graham.

Pues bien, la canción comienza diciendo algo así como “cuando yo tenía 7 años mi mamá me dijo que fuera a hacer amigos o me quedaría solo… cuando tenía  11 mi padre me dijo que me buscara una chica… cuando tenía 30 mi esposa me dio hijos…”. Cuento esto porque me parece que resume muy bien el sistema de automatización de la vida que en la mayoría de los casos llevamos.

Está escrito en nuestra genética: nacemos, crecemos, nos relacionamos, dejamos descendencia (en el “mejor” de los casos) y esperamos ser acompañados por ella al final de nuestra finita historia. Nuestras acciones responden a un impulso incontrolable hacia la satisfacción de esas necesidades más o menos básicas y, cuando no las alcanzamos, nos encontramos con la frustración de expectativas, sean creadas por nosotros mismos o por nuestro contexto (familia, amigos, época, sociedad…).

Hay quien se revela contra estos impulsos que son nuestra naturaleza llamándolos “influencias sociopolíticas, sexistas…”, según sea el caso, luchando contra sus propios instintos, huyendo de cualquier clase de estabilización que pueda suponer un riesgo de estancamiento o dependencia. Gente que decide llevar una vida desordenada en cierto sentido (a veces en un sentido muy extenso) porque no han tenido nunca la experiencia de un orden o estabilidad que les aporten plenitud.

Por otro lado están quienes siguen esta rutina por inercia, sin mayores planteamientos, que sólo se paran cuando las cosas van ya muy mal y echan la culpa a la suerte, Karma o como quieran llamarlo, y no se ponen a buscar la raíz de su insatisfacción.

También los hay que se abandonan por verse incapaces de cumplir con sus impulsos naturales, porque no han sido empujados a luchar por los sueños, a desarrollarse en sus capacidades, a no conformarse con menos de lo que pueden tener (aludiendo a plenitud emocional, que no material ni relativa al éxito). Yo he puesto tres simples ejemplos, pero hay muchas otras combinaciones y formas de afrontar el hilo de la vida a este respecto.

¿A dónde quiero llegar?

Pues quiero llegar a ti. A ti, que me lees. A ti, que te levantas cada día con un plan, con un propósito o varios, y con una actitud para enfrentarte a lo que el día te da. A ti, que si se te tuerce el plan puedes enfadarte, adaptarte, sonreír o pasar del cambio. A ti, que aún NO tienes ese trabajo, esa novia o novio, esposo o esposa, hijo/a/os/as, o nietos, o plan de jubilación, o coche o casa o sueldo, o sueños; o que tienes ese trabajo, esa pareja, esposa o esposo, hijos, padres, coche, casa o sueldo, y que no encuentras la alegría que esperabas que te trajeran, o la has perdido/olvidado.

Quiero llegar a ti porque te han convencido de que el problema de tu insatisfacción es que NO tienes o que TIENES, o  que el OTRO no debería ser así. Y no te han dicho que realmente el problema está dentro de ti, que NO PUEDES aceptar las cosas que no te gustan de la vida: a ese jefe que es injusto, tu situación económica, o la corrupción política, o las injusticias, o ese bache en tu vida personal… y te han hecho pensar que ese vacío se llenará cuando deje de haber ladrones, mentirosos, o cuando esos defectos de X persona desaparezcan, o cuando tengas más dinero… Y no es cierto. Tu alegría, tu satisfacción… pasan por asumir que otros se salen de nuestros planes, pasan por dejar de esperar que los demás se adapten a mí, sino por adaptarnos nosotros. Pero para eso hay un paso previo: no podemos aceptar las limitaciones de otros si no nos aceptamos a nosotros mismos, si no tenemos la experiencia de que otros ya nos quieren con nuestras limitaciones, en nuestras peores equivocaciones. Si no tenemos la experiencia del perdón al 100%, no podemos afrontar las desigualdades de un modo que nos traiga paz.

Buscamos que nos den, cuando la solución está en darnos. Responder con amabilidad y actuar con seriedad y prudencia frente a las injusticias, que no con sumisión; buscar vías pacíficas y honestas a nuestros propios conflictos; de vez en cuando, agachar la cabeza aunque la culpa sea del otro, cediendo sin dejar de mostrar la verdad, sin echar en cara, desde la aceptación y el perdón. Y sobre todo, dejar de buscar en el mañana lo que hoy ya puedes cambiar.

¿Que lo intentamos y no lo conseguimos? Pues como todo, después de un fracaso hay que levantarse y aprender. Sin perder el ánimo, sin exigirnos lo imposible, luchando por una vida siempre mejor.

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2 Comments

  • Creo que tienes mucha razón. Muchos vivimos guiados por la rutina durante años hasta que un día, vete a saber por qué, despertamos.
    Y también coincido en que la compasión, el perdón y la aceptación son buenas herramientas para ser feliz.
    El problema que le veo a todo esto es que la mayoría de personas, guiadas por la moderna espiritualidad, viven una falsa aceptación muy cercana a la resignación.

    • Estamos de acuerdo. Pero creo que a pesar de distintas espiritualidades, esto debe ser común a cualquier forma de afrontar la vida, para que sea una vida plena. Gracias por tu aportación y me alegro que te haya gustado

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