La chica PARTE V

Quinta y última parte

Quizá porque de verdad deseaba volver a mi lado, o quizá porque no encontró otra manera de consolarme, acordamos que volvería. Ese era el trato. Hicimos toda clase de planes para cuando regresara. Viajar, y hasta nos íbamos a ir a vivir juntos.

¿Viajar? ¡Qué bien! ¿De vacaciones?

¡Claro!

¿Adónde?

A sitios cálidos.

¡Sí, la playa me encanta!

Y te contaré otra cosa. Por aquel entonces papá ya era escritor, ¿lo sabías?

¿Ah, sí?

Soñaba con ser un gran escritor.

¡Eres un gran escritor, papá!

Gracias, cariño. Yo estaba otra vez rebosante de esperanza y de ilusión. ¿Recuerdas lo que dije antes sobre lo importante que es la ilusión? Soñaba con lograrlo todo a su lado. Le dije que con ella a mi lado iría a la cima, los dos, juntos.

¿La cima?

Sí, lo más alto. Hubo un gran militar una vez que al final de sus días dijo que su esposa había sido su estrella, que con ella nada se le resistió, que ganó todas las batallas siempre que estuvo a su lado. Y así fue. Luego de separarse él lo perdió todo, perdió su estrella. Lo mismo le conté yo a ella. Le dije que era mi estrella. Poco tiempo después publiqué mi primera novela. Le había dicho que ella iba a ser la primera persona a la que iba a llamar para decirle que me publicaban mi primer libro. Fue triste no poder hacerlo.

¿No tenías su número?

Sí; aún lo tenía, pero no podía llamarla.

¿Por qué?

La vida de los adultos es difícil, cariño. Algún día lo entenderás.

Ah, vale… Cuéntame más.

En los días que compartimos comprendí que ya no quería conseguir las cosas por mí solo, por mi ego; lo que quería era recorrer el camino acompañado de ella, eso era lo que realmente me motivaba. Todo sólo para mí ya no tenía ningún sentido. Estaba tan ilusionado que le prometí que daríamos la vuelta al mundo, que tendríamos una casa en cada continente, y que le regalaría la playa más bonita del planeta; se la compraría para ella sola. Le encantaba el mar, y la arena, y tomar el sol…

Si quieres un día podemos ir a otros países tú y yo, papá.

Por supuesto, princesa. Un día iremos.

Sí, yo quiero.

Aquellos días sobreviví gracias a la ilusión de hacer todas esas cosas. De otra manera hubiese sido demasiado doloroso. El último día hubiese sido demasiado cruel si no hubiese tenido en mi mente la ilusión de que volvería a verla. El último beso en el aeropuerto habría sido demasiado amargo.

¿Y que pasó después?

Pasó que nuestros sentimientos en aquellos momentos no eran los mismos. Por eso acabó todo, y con ello se rompieron mis sueños y esperanzas. Yo sentía una cosa por ella, y ella sentía otra por mí. La persona es importante, pero aunque la persona sea la correcta también lo es el momento en que se sucede. Luego… Cuando nos volvimos a encontrar todo había cambiado.

¿Pero dijiste que había terminado?

Y terminó.

¿Entonces por qué dices que la encontraste otra vez? ¿Os reencontrasteis?

Nos reencontramos, pero lo que habíamos tenido ya había terminado. Cuando nos volvimos a ver éramos dos personas completamente distintas. Habíamos madurado. Lo único que permanecía intacto, guardado en lo más profundo esperando a ser reavivado era lo que habíamos sentido, eran todos los momentos compartidos aquellos días. Ninguno de los dos habíamos podido olvidarlos. Y simplemente volvimos a empezar partiendo de ahí.

¿Y entonces qué pasó?

¿Quieres saber más?

¡Sí, papá, cuéntame!

¿Por qué lo quieres saber?

¡Papá, cuéntamelo, quiero conocer toda la historia!

Esa es toda la historia.

¡No! ¡Hay más! ¡Quiero saber como acaba!

Acaba así.

¡No, no acaba así! ¡Dime qué pasó luego!

Tal vez te lo cuente otro día.

¡No! ¡Que sea hoy, por favor!

¡Mira, ahí llega mamá!

¡Pero cuéntamelo! ¿Cómo se llamaba? ¡Todavía no me has dicho como se llamaba la chica!

¿Su nombre? El nombre no importa.

¡Sí, sí; sí que importa! ¿Cómo se llamaba la chica?

Los nombres no son importantes en esta historia, cielo.

Hola, mi amor. Hola, cariño. ¿Qué pasa?

¡Mamá, quiero saber como se llamaba! ¡Papá me estaba contando la historia de la chica! ¡No me ha dicho como se llamaba la chica!

¿Qué chica?

¡La chica, mamá, la chica! ¡Era muy bonita, y muy lista, y tenía el mismo color de pelo que yo! ¡Oh, el mismo color de pelo que tú también, mami! ¡Como nosotras!

Ya sabes, cariño, la chica.

La chica…

¡Dime cómo se llamaba, y cuéntame qué pasó después! ¡Mamá, dile que me lo diga!

Ah… Ya recuerdo. Creo que ya sé que historia le estabas contando…

FIN

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