La derrota del otro inspira

Derrota
Derrota

Siempre se ha dicho que la sociedad necesita modelos, personas que condensen una serie de valores que nuestro tiempo considera dignos de tener. Los medios de comunicación son los encargados de encumbrar a estas personas y de hacerlos destacar por encima de la media mediante sus cualidades: deportistas, científicos, empresarios, políticos… a todos nos vienen ejemplos de personas en cada uno de estos campos que consideramos espejos en los que nos queremos mirar para conocer nuestras carencias en pos de una utópica perfección.

Pero este mecanismo construido como forma de mejora y refinamiento de la sociedad, requiere de un importante sacrificio, condición necesaria para obtener tal pureza de imagen: Hay que destacar lo mejor de esa persona obviando sin contemplación lo negativo, que siempre lo hay.

Por ello mismo, la imagen que se crea de la persona  resulta en una caricatura, en un dibujo propio de las películas de Walt Disney. Una imagen plana de la realidad, construcción artificial, acopio de virtudes y sin ningún vicio útil únicamente para el propósito buscado.

Yo, hoy, quiero romper una lanza por otro tipo de modelo. Por aquel que ha sucumbido, que no ha sido lo suficientemente fuerte para mantenerse de pie y que termina ahogandose en las dificultades de la vida. Para todos los derrotados y desheredados. Para aquellos que, en definitiva, han terminando rendiéndose ante la vida.

Porqué de todos ellos se puede aprender igual o más. De nuestras debilidades y de la lucha interior con la que todos cargamos, del vacío y desazón que nos acompañara toda la vida, de la dignidad y de la humanidad en mayúsculas. En una palabra: de lo realmente importante.

Estoy seguro que si nos paráramos a intentar comprender, si dejáramos a esas personas que nos explicarán como se sienten, como entienden la vida, si no diéramos tiempo a conocerlos y nos abriéramos un poquito, aprenderíamos valiosas lecciones sobre nosotros mismos.

Pero quizás es más desagradable. Quizás requiere mucho esfuerzo por nuestra parte, miedo de acabar siendo como ellos si nos acercamos. Y preferimos mejor mantener distancias usándolos únicamente como prueba fehaciente, por comparación, de lo bien que estamos. Mientras, caminamos absortos pensando en el siguiente proyecto de vida que alimentara nuestro pequeño Ego, vestidos con nuestras ropas de multinacional y nuestro móvil chino en la mano.

La próxima vez que veáis a alguien deambulando por las calles, malvestido, con un carrito de la compra lleno de trastos, intentemos ver más allá de las apariencias, de lo que los ojos y los prejuicios nos dicen y pensemos en las lecciones de vida que podríamos aprender de él y que no hacemos… lamentablemente.

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1 Comment

  • yo creo que la palabra fracasar tiene, en general, una falsa conotacion. La inmensa mayoria de veces un proyecto fracasa no por ser una mala idea o por culpa del que lo hace sino por otras razones.
    Tenemos miedo a fracasar pero el fracaso es la unica manera de aprender y hacer cosas nuevas de verdad

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