La felicidad en un saludo

Hoy deseo hablar de mi último viaje a tierras lejanas. Hoy quiero contaros un sueño hecho realidad. Hoy os confesaré un nuevo amor.

Todo comenzó hará cosa de un año cuando conversando con los amigos alguien puso sobre la mesa la idea de realizar un voluntariado internacional. En aquel momento una llama encendió la mecha de un sueño. Pasó el tiempo y se hizo realidad la afirmación que encontramos en El Alquimista, “Cuando una persona desea realmente algo, el Universo entero conspira para que pueda realizar su sueño”. Habrá gente a quien le gustará este libro, habrá otros que lo desecharán por tildar a su autor de religioso, cursi o moñas, o algunos simplemente dirán que es una bazofia y que la magia no existe. Personalmente lo recomiendo, a mí me ayudó a recordar la esencia de la vida y fue clave en la búsqueda de mi tesoro.

DSC02014Volviendo a mi experiencia personal, recuerdo que una vez decidí alcanzar el sueño de realizar un voluntariado internacional todo empezó a venir rodado. Yo tenía la idea, el universo dispuso los medios: una llamada del ayuntamiento para que asistiera a un curso de voluntariado; personas desconocidas con proyectos; comienzo de un voluntariado local; acercamiento a la Asociación TAI y su labor en Nepal; convocatoria, en el ayuntamiento, de becas para voluntariado internacional. Así fue como, sin darme cuenta, me encontraba en el aeropuerto de Valencia embarcando rumbo a Nepal. La mecha había llegado a la pólvora. Comenzaba el sueño.

Primeros momentos en Nepal, la capital me acogía con su caos organizado y me daba la bienvenida con su tráfico desprovisto de semáforos, con sus rostros portadores de mascarillas y me deleitaba con un ambiente impregnado de aromas a especias y perfumes desconocidos. “Kathmandu”, preciosa ciudad con templos asombrosos y ancestrales donde los rituales repletos de energía son habituales. Katmandú, la ciudad de las infinitas tiendas, cualquier rincón, por pequeño que parezca, es apropiado para una de ellas. “Kathmandu”, ciudad que acoge los sueños de los jóvenes que abandonan tierras de cultivo en busca de lo que, piensan, será una vida mejor. Katmandú, ciudad de obligada visita.

Tras unos días en “Kathmandu”, era el momento de conocer a Pokhara. Nada más llegar a aquella ciudad me enamoré de ella. Envuelta en un ambiente de tranquilidad y sosiego, esta bonita ciudad te da la bienvenida bajo el abrazo de las verdes montañas que la rodean y te colorea la vista con su enorDSC02418me y hermoso lago. Era la antesala de mi gran amor, ese que conocería unos días más tarde y acabaría por reafirmar mi enamoramiento de Nepal. Bhagar es un pequeño poblado donde he conocido el verdadero valor del día a día, del aquí y el ahora; de la cooperación; de la amabilidad; de la hospitalidad en un esencia más pura. En aquel paraje me reafirmé de que aquel país cuenta con un enorme grado de sinceridad entre su gente, es una nación donde aparentar suele estar de más. En Bhagar observé como los niños y niñas siguen siendo niños y niñas, parecerá algo redundante y lógico pero, ¿siguen siendo las niñas y niños de occidente niñas y niños? Y lo que más me cautivo de aquella tierra, de aquella nación, fue la sonrisa eterna. Creo que Nepal es el país de la sonrisa y Bhagar el lugar donde nació.

Ahora, que estoy de vuelta en el país donde crecí, puedo reflexionar sobre mi paso por aquellos paisajes, sobre mi convivencia con aquellas gentes. Podría escribir hojas y hojas sobre toda la experiencia, eso lo dejo para otro momento, hoy contaré lo que considero el inicio de su sonrisa eterna, la esencia de la felicidad en un saludo.

Unos “buenos días” o un “hola” están bien, son un factor de educación que cada vez está más relegado a situaciones concretas y, ¿verdad que dependiendo del tono, la intensidad, la harmonía o la alegría con el que lo escuchemos nos reporta un mayor o menor nivel de bienestar? No es lo mismo un “hola” por cortesía que un “hola” con una buena sonrisa y cubierto de chispazos de alegría. Pues bien, parecerá una tontería, pero en Nepal este simple gesto se suele realizar desde lo más proDSC02229fundo del ser y acompañado de una sonrisa mientras que en mi país abundan el primer “hola”, un saludo seco y rancio. ¿Será por eso que nunca me cansé ni me cansaré de decir y escuchar una y otra vez “NAMASTE”? Mi experiencia y corazón me indican que implícita a esta palabra existe el inicio de la felicidad. No recuerdo que riera a carcajadas en toda mi estancia en Nepal, sin embargo siempre tuve la sonrisa en los labios, estuviese bien o estuviese mal, allí aprendes a contar un día negro con flores de colores. Creo que este es el inicio de la sonrisa entera, ¿y sabéis donde se gesta este inicio? Me parece que en la comunión entre personas y la Madre Tierra. Hablando con un nativo, dueño de un hotel ecológico, me explicó en una simple frase la gestación de tanta felicidad: “Si la tierra está feliz, nosotros estamos felices”. Argumento simple y rotundo.

En Nepal he dormido en los brazos de la precariedad y algunos dirán que eso es pobreza pero, realmente, ¿qué es pobreza? El Buda Gautama dijo una vez que, “No es más rico quien más tiene, sino quien menos necesita”. ¿Son ellos pobres y nosotros ricos, o es al revés? Créanme, en mi experiencia he podido comprobar la diferencia entre ser pobre y rico, ahora puedo observar como nosotros cada vez somos más pobres mientras ellos comparten la verdadera riqueza. En un gesto tan simple como un saludo puede hallarse el inicio a la felicidad. En un gesto que parece tan banal tal vez resida lo que todo el mundo ansía. Por supuesto, no olvidemos que solo es el inicio, después hay mucho más.

Estas tan solo son las impresiones de un loco enamorado que le pide a quien le ha robado el corazón que, por favor, no pierda sus raíces intoxicándose con nuestra pobreza.

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