La filosofía de mí vida

Filosofía
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Estos últimos meses he estado pensando, y mucho, sobre porqué merece la pena vivir. En cada etapa de mi vida siempre ha habido algo que me levantaba de la cama. Pero como una mina de oro que poco a poco se consume, todas las vetas acababan por agotarse.

Dentro de mí arde un fuego que me impide de todas todas quedarme en una cómoda cotidianidad, en una seguridad burguesa, en una ignorancia simulada diciendo frases como “las cosas son así”, en mirar para otro lado. No, no va conmigo.

Quiero compartir con vosotros mis pensamientos para lo cual tengo que irme muy lejos, siendo esta la única forma de tomar la suficiente perspectiva que nos permita entender donde quiero llegar.

Me voy a los primeros filósofos:

Platón, el filósofo quizás más influyente en el mundo occidental, sostuvo la existencia de dos mundos. El mundo de las ideas, de lo la real, y el mundo de las formas, de la copia. Para entenderlo quien no lo sepa ya, si dibujamos un triángulo en un papel nunca será perfecto. La idea de triángulo perfecto esta en “otro mundo” y nosotros no podemos hacer más que acercarnos a él desde nuestro mundo copiándolo a la milésima sin poder nunca aspirar a igualarlo, a hacerlo perfecto.

Esta idea fue recogida e incluida en la filosofía cristiana: Hay dos mundos. El nuestro imperfecto donde vivimos, y el mundo de las ideas, el cielo.

La consecuencia de esto es el pensamiento que, si hay un mundo perfecto, un mundo al que podemos aspirar y reflejarnos, poseedor de unos valores (ideas) absolutos. Este mundo es el que nos debe guiar en nuestra vida de paso. El mundo que conocemos, nuestro día a día, es un simple trámite, una preparación para aquél.

No nos realizaremos nunca aquí. Solo somos sombras del verdadero mundo.

El mundo occidental durante dos mil años se empapó de esta filosofía, sin admitir la mínima discusión, hasta que la ilustración y la aparición de la razón como luz a guiarnos en la oscuridad llevo a Kant a contradecirlo: Él sostuvo que la teoría básica de Platón era una suposición. No era demostrable por la razón. Por lo tanto, no había motivo para aceptarla como verdad sin caer en un acto de Fe, en la credulidad.

Continuó: Es posible que ayudara a vivir y que diera sentido a nuestra vida dándonos unos valores absolutos (una idea de lo que es ser bueno, ser justo etc..)  pero lo único que sabíamos (y sabemos) con certeza es que solo hay un mundo, el cual observamos por nuestros (limitados) sentidos. A esto hemos de atenernos si queremos vivir sin salirnos de los límites que nos impone la razón.

Quedemonos con lo que sabemos. Con lo que la razón nos muestra.

En la dimensión humana, presuponer que hay un mundo mejor y aceptarlo lleva a consagrarse a él y a sus ideales. A ser un asceta, a fundar o seguir religiones, a predicar un mundo mejor, a vivir una vida de renuncia en pos de lo que esperamos se nos de en aquel mundo que llegará (en algún momento, normalmente después de la muerte) para dar sentido a todo el sufrimiento que aceptamos en la vida…

Pero si nos guiamos por nuestra razón y aceptamos que solo hay un mundo, nuestro mundo, no hay motivo para consagrarse a nada. Tan solo hemos de observar lo que nos ofrece la realidad en la que vivimos y vivirla. Lo más intensamente que podamos.

¿Y qué nos ofrece? Una cosa solamente: Placer y disfrute de los sentidos. Vivir con mayusculas.

Entonces, ¿Debemos rendirnos a él, a ello?

Muchos nos rendimos y así vivimos. Es el paradigma de nuestra sociedad. Pero tampoco encontramos la respuesta. Con desilusión vemos que nos hartamos de él. Llega un momento en lo que antes nos llenaba ya no nos llena. Todo nos cansa y nos vemos inmiscuidos en una espiral sin sentido de cambio y búsqueda de lo nuevo. Una carrera siempre para adelante que, como los más sagaces perciben, no tiene fin….  ¿Hasta cuando?

Con horror vemos como nuestro ser no es saciado por completo. Constatamos con desazón que no encontramos la verdad con nuestros sentidos, con lo que la razón nos provee. ¿Qué nos queda? venimos de rechazar lo irracional, lo inescrutable, y vemos que abrazar la razón no nos devuelve más saber…

Eso si, hemos aprendido una cosa.  Apreciamos la vida y aquello que nos da, el placer. Pero ahora sabemos bien todo lo que puede llegar a dar y que no nos puede llenar totalmente. Conocemos sus límites.

Pero no me conformo. Quiero ir más allá, mi Ser pide respuestas y ser saciado. Y cuanto antes mejor.

Porque si esto es lo único que hay, ya he vivido todo lo que debía vivir y  lo que viene a continuación es, aunque parezca nuevo y diferente,  una repetición de lo mismo y por lo tanto inútil para mi Ser. No tiene sentido volver a vivirlo, en este mundo, de la misma manera.

No se si hay algo después de lo que conozco (la vida) y por lo tanto no me arriesgo forzando que lo que tiene que llegar (la muerte) llegue antes de tiempo. Elimino así el camino del suicidio, visto como atajo. Suicidarse sería desde este punto de vista una renuncia al mismo nivel que abrazar lo irracional. Un subterfugio, una trampa a la vida. A lo único que puedo tomar como cierto.

Decido. Utilizaré mi vida para buscar.

Y lo hago. Pero nada más comenzar una terrible evidencia me asalta. La búsqueda será inútil: Si miro al pasado solo veo hombres fracasando: o desistieron (se rindieron a la vida al placer y se perdieron en él o abrazaron la renuncia, la cotidianidad que comento al principio) o se consagraron al acto de Fe en lo inescrutable. No hay más.

Entonces, ¿Realmente vale la pena? ¿Porque debería seguir buscando? ¿Porqué no me rindo como tantos otros? Si al final el mundo es una lucha por nada, si voy sufrir sin sentido, sabiendo el coste que comporta? ¿Porqué fustigo mi vida? ¿Que me lleva a ello?

Busco la respuesta y esto es lo que obtengo:

Si después de abrazar la razón, de ver que lo que hay es todo lo que tengo, sigo sin llenarme… ¿Qué parte de mí se siente incompleta? La razón no.

¿Qué hay más allá de la razón que no se siente satisfecho? No puedo nombrarlo, no se que es, no puedo decir ni que exista de verdad. No puedo decir que sea Dios o algo sobrehumano. Solo se que no es racionalizable y nada más. Un abismo.

Esto es todo lo que tengo. Todo y nada a la vez y aunque mi intuición me indica que obcecarme en seguir buscando se convertirá en una tarea absurda, sin sentido (más que el propio sentido de la búsqueda en sí), es todo lo que tengo. Y a ello me debo.

Aqui y ahora.

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