La insensatez es universal

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Lleva unos días preguntándose cuántas cosas tienen que tener en común dos seres para considerarse de la misma especie; duda seriamente de si es más significativo lo que les une o lo que les diferencia.
Cada vez sabe más y entiende menos; está empezando a comprender que el término “cosas de mayores” no tenía rol de hacer rabiar, sino de no hacer daño.
Trae consigo un cúmulo de sentimientos arrastrados del que no ha logrado deshacerse ni viajando de una punta a la otra – el amor es un mundo y, mientras formemos parte de este, no habrá manera de emigrar al olvido -.
El ser humano ha desarrollado su capacidad menos humana y más fría para tratar de ver vida en otros cuerpos, e incluso se considera que los que todavía sentimos en caliente “somos de otro planeta”, como si no habitásemos el mismo.
Le ha llevado años dejar de pensar que son las traiciones las que impactan contra nosotros, y todavía más darse cuenta de que es ella quien tiene la responsabilidad de evitar el golpe previendo las intenciones del resto.
Nadie se encarga de parar el tiempo, pero en la tele siempre lo anuncian – Pero no todo lo que dice es verdad; el tiempo a veces se equivoca; me apuesto lo que sea a que esta vez no va a llover; anuncian tormenta pero confío en que saldrá el sol -. Tantos años tratando de ver el universo desde fuera, cuando en realidad, deberían enseñarnos a mirarnos desde dentro.

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