La rutina de la queja

Photo by Jeff Sheldon on Unsplash
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Nos levantamos, vamos al baño, nos duchamos, desayunamos, nos vestimos, nos
vamos a trabajar, comemos, seguimos trabajando, nos vamos a casa, nos sentamos
en el sofá, cenamos y nos vamos a dormir. Suena algo aburrido ¿verdad?

La rutina…. ¿Cómo llegamos a ser tan rutinarios? ¿Alguien nos obligó a serlo? ¿Nos
gusta seguir la misma rutina día tras día? ¿Qué pasa si cambiamos nuestra rutina, si
somos esporádicos por un día?

Lo cierto es que si echamos la vista atrás, nos daremos cuenta de que nadie nos
obligó a punta de pistola a seguir una rutina, pero sí que nos enseñaron que era lo
mejor para nosotros, que nos hacía tener un día a día más estable, a seguir patrones.

Se nos daba a entender que uno no puede hacer siempre lo que le apetece, que a
veces hay que hacer las cosas que debemos hacer. Y claro que esto no es del todo
mentira, pero tampoco creo que sea del todo verdad.

Puede que sí que nos ayude el hecho de tener cierta estabilidad en nuestra vida, es
más, hay gente que necesita tener siempre la misma rutina para ser feliz. Pero
también hay mucha gente que se siente obligada a seguir esos mismos pasos todos
los días porque es lo que la sociedad les ha enseñado. También señalando que,
siendo realista, sin dinero es difícil vivir en nuestra sociedad, lo que te “obliga” a
trabajar día tras día para conseguirlo. Pero… ¿de verdad son los demás quiénes no
obligan a seguir esas rutinas, o somos nosotros que nos hemos vuelto cómodos?

Bajo mi punto de vista actualmente este ritmo de vida se usa como “excusa” para
quejarse. Por supuesto que hay excepciones, madres o padres trabajadores que
tienen un horario inflexible y que necesitan el dinero para poder sobrevivir, que no
vivir, en cuyo caso no se entiende que el trabajo y la rutina es una excusa. Pero
también hay muchos casos de personas que no hacen más que quejarse teniendo
jornadas en las cuales tienen medio día libre y podrían aprovechar el tiempo para
hacer muchas más cosas fuera de su rutina, y sin embargo lo que se oye es:

 Mejor lo dejamos para mañana que estoy cansado.
 Ahora no hijo, mañana.
 Llevo meses queriendo ir a ese sitio pero es que no tengo tiempo.
 Hoy estoy cansada pero no te preocupes que tenemos mucho tiempo para
hacer eso.

Sí…. Puede ser que tengamos mucho tiempo, pero a la que te das cuenta ha pasado
media vida y no has hecho ni la mitad de las cosas que querías hacer y que en
realidad sí que hubieses tenido tiempo de hacer.

¡Claro que tenemos derecho a estar cansados! Pero hay que ser consecuente, si estás
cansado y eliges irte a casa a descansar, perfecto, pero no pongamos excusas de “es
que no tengo tiempo” cuando en muchas ocasiones sí que lo tenemos, es solo que
pensamos que lo podremos hacer mañana, pasado, la semana que viene, dentro deunos años…. Y como bien sabemos el futuro es una duda constante, nadie puede predecir lo que pasará ni cuándo.

Es algo obvio que la mayoría de gente seguimos una rutina diaria, y yo por supuesto
me incluyo, pero ¿Quién o qué nos impide aprovechar el tiempo? O mejor aún, ¿Quién
nos impide ser espontáneos? La respuesta es: Nosotros. Nosotros mismos somos los
que nos impedimos disfrutar, vivir la vida, hacer cosas nuevas, probar nuevos sitios,
tener tiempo…. Claro que podemos seguir nuestra rutina, pero de vez en cuando
sáltatela. Igual no puedes saltarte ir un día al trabajo, pero sí elegir no irte directo a
casa nada más salir. Hay muchísimas cosas por hacer en el mundo y están
esperando a que las descubramos. No nos estanquemos en nuestra rutina, salgamos
de ese camino aunque sea algún día.

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