Las peores cartas

Supongo que hubiese podido elegir algo útil.

Hay personas que desde que niños ya muestran la habilidad para arreglar una bicicleta, para intercambiar cromos con los amigos con la maestría de quien compra y vende acciones de una multinacional, o para ser los primeros en acudir en auxilio de un compañero que se cae de un columpio en el parque. Habilidades que sirven para algo, que en el futuro les valdrán en su vida diaria.

Yo no tuve tanta suerte. Mi “super poder” consistía en imaginar historias y luego escribirlas.

En cierta medida está bien. Si eres un poco orgulloso, siempre te sientes reconfortado cuando el profesor te halaga por el cuento que acabas de escribir, a veces hasta te aplaude, y la clase le sigue; y tu orgullo crece un poquito, y tu ego también. Pero luego acaba la clase, sales a la calle y te das cuenta de que más te hubiese valido tener la maña para arreglar bicicletas, o la pillería para darle quedarte con los mejores cromos de tus amigos dándoles a cambio los peores de los tuyos.

Al principio no se nota. Pero según te vas haciendo mayor te das cuenta de las cosas que de verdad sirven en este mundo. No obstante, sabes que el talento de los demás les permite sobrevivir, y sobrevivir mejor que tú, pero también sabes que el objetivo de la vida no es sobrevivir sino vivir.

Lo que ellos hacen hace que sigan respirando y comiendo. Simplemente eso. Pero lo que tú haces hace que la vida valga la pena, porque no sólo basta con ganarse la vida, también hay que construir algo que haga que esta existencia sea provechosa.

Y entonces te das cuenta de que la gente con un “talento inútil” como el tuyo son las que hacen que esta vida merezca ser vivida. Porque un poema, una novela, una canción, una pintura, una escultura, o una película nunca llenarán el estómago, ni las podremos conducir para llegar puntual al trabajo que paga las facturas y la tarifa de datos con la que lees estas líneas.

Una obra salida del ingenio y la creatividad de una persona no llenará jamás una nevera; pero también es cierto que sólo con la nevera llena, el coche en la puerta, y la nómina en la cuenta no se VIVE; porque lo que nos hace humanos es esa sagrada capacidad para apreciar lo hermoso de las cosas pequeñas; lo diminuto y sutil de un beso, de un atardecer, de un poema.

Aunque estas cosas no se escogen supongo que podría haber escogido algo un poco más “útil”. Imagino que podría haberme dado por querer construir aviones, por levantar rascacielos, por reparar las lavadoras, los embragues de los coches o los aparatos de aire acondicionado, o por llevar la contabilidad de una gran empresa; por algo práctico.

Pero de la caprichosa baraja de la supervivencia me tocaron las peores cartas, las peores, pero qué me iba a imaginar yo que también iban a ser las más bonitas.

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1 Comment

  • Me ha encantado tú reflexión. Pienso totalmente como tú. Ahí esta el secreto de la vida aunque a veces cueste y no sea nada fácil y incluso pensemos muchas veces en tirar la toalla. Gracias!

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