¿Lo que tienes por lo que eres?

Me pregunto hasta qué punto estamos llegando, en qué medida nuestra sociedad  se ha ido apoderando de todos nosotros. Y es que, este estilo de vida materialista, egoísta y profundamente consumista ha ido calando más rápidamente de lo que podemos llegar a imaginar en todos y cada uno de nosotros.

En ocasiones me paro a pensar e intento buscar un foco, un punto de inflexión que ha ido poco a poco provocando una importante y progresiva deshumanización a la vez que nos iba dando toda una serie de entretenimientos para no caer en cuenta del gran vacío que intentaba tapar, el desorden que trataba de paliar…

Mantenernos entretenidos es fácil hoy en día, demasiado fácil diría yo, lo verdaderamente difícil acaban siendo esos momentos de soledad, estar solos y sentirnos más llenos que nunca, mejor acompañados que de costumbre. Porque, en el fondo, nos aterra la idea de estar al mando teniendo como única compañía la nuestra propia y llegar a sentirnos solos cuando en realidad deberíamos dedicarnos mucho más tiempo a crecer individualmente como personas.

Ah si, ¡cómo olvidarlo! Hay otra cosa que nos encanta y es ponerle precio a las cosas. Pero, ¿acaso éste determina su valía? ¿De verdad lo creéis? Paradójicamente, las cosas que más disfrutamos en la vida son justamente aquellas que no tienen precio. Instantes que valen todo pero no cuestan nada, momentos de felicidad absoluta a coste cero.

¿Acaso cuesta sacar una gran sonrisa a alguien que la necesita? Y, ¿qué hay de los besos en la frente y las caricias por la espalda? te hacen sentir que no importa lo que pase en el mundo, tú estás a salvo. ¡Qué decir de los abrazos! envidio a quien inventó aquella fórmula mágica e inmediata de reconstrucción porque, da igual los pedazos que se te hayan roto, un abrazo es capaz de juntarlos todos. Por no hablar de los reencuentros tras un largo periodo de tiempo… ¿Acaso es necesario pagar para vivir todos estos momentos?

Poco a poco nos hemos ido malacostumbrado, como no podría ser de otra forma,  a pagar y tener. Quiero algo, lo pago, lo tengo. No lo pago, no lo tengo. Si pago más, lo tengo antes y mejor. Pago menos, menor calidad, menor valor. Y es así acabamos tratando así a las personas, convirtiéndolas en objetos de usar y tirar. Pero, ¿en qué momento dejamos de valer por lo que somos a valer por lo que tenemos?

¿Cuantas veces, intentando no hacer lo que no queremos, olvidamos lo que siempre hemos querido? ¿Intentando no ser lo que no somos dejamos de ser quienes somos realmente? Y es que, anteponer el “hacer” al “ser” nos acaba saliendo realmente caro en todos los sentidos. Dedicamos tanto tiempo a hacer y tener que nos falta tiempo para simplemente… SER.

 

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