Lo siento, soy mas de pecados.

Lo siento, soy más de PECADOS, que de mandamientos.

 

Si, peco de soberbia, y en ocasiones de orgullo. Me quiero a mi mismo por encima de todo aquello que Dios dice haber hecho. Soy, de hecho, el segundo amor de mi vida. Llamadme egocéntrico, egoísta, estoy preparado para todo. Pero, como ya dije en su momento, si no me quiero yo ¿Quién cojones me va a querer?

Peco de avaricia. Quiero todo en este mundo y no descansaré hasta que lo consiga. Quiero llegar hasta aquel viejo con el que soñé ser de pequeño. Morir teniendo todo, y cuando digo todo digo, todo, lo que un día, ya lejano, me propuse.

Por supuesto que envidio. Envidio a toda esa gente que ya ha logrado sus objetivos, a todos aquellos que tienen la vida solucionada. Pero también, desde aquí les digo que no tengan prisa, no tardaré en llegar a donde están.

Ira, también sufro ira. Sufro deseos incontrolables de gritar y maldecir a los cuatro vientos todas esas injusticias que el hombre ha inventando, que el hombre ha guisado para que sean otros los que de ellas coman.

Y sí, nací por y para la lujuria. Para hacer el amor en cualquier rincón. Para desnudarme, desnudar y ser desnudado. Para escuchar gemidos que revienten mis tímpanos y para sentir arañazos que regalen a mi espalda la mejor de las flagelaciones.

Gula, bendita gula. Comer hasta reventar, y beber, beberme hasta el mar muerto si el sol aún no se ha puesto. Amo el burbujeo de esas rubias acompañadas de amigos y su posterior efecto. Esas sonrisas que, siempre con un consumo responsable, dibujan en los rostros más grises.

Y por último, la pereza. En algún momento tendré que descansar. No os lo creeréis, pero es cansado esto del pecar.

Sed malos…

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