Magia y Poesía

Photo by Patrick Fore on Unsplash

Sé de lugares donde la luz se cuela de forma diferente, aquella casa carecía de lujos, excepto por la manera como la luz de la mañana parecía elegir iluminar sólo algunas cosas;
En las paredes se reflejaban geométricos rayos dorados de luz repletos de partículas que danzaban al ritmo de una melodía divina que nadie más podía escuchar.

Hoy con café en una mano y un poemario en la otra, viene a mi mente, como en una fotografía en sepia, el recuerdo de aquella vieja casa de la tía, repleta de historias, recuerdos guardados ordenadamente, y cuentos antes de dormir, donde el sol besando mi mejilla a través del mosquitero le daba un toque mágico a mi despertar.

Allí, donde el café se endulzaba con miel,
el universo pareció haber preparado, cuidando cada detalle con minuciosa dedicación, un gran escenario para ese momento;
El patio sembrado de algodón, las tardes que olían a caimito y a peras y las hadas que según mi imaginación habitaban el lugar, fueron testigos de la primera vez que mis ojos tropezaron con la poesía.

Sólo hasta ahora preguntándole a mi memoria, cuando surgió mi amor por los versos, se precipitan estos recuerdos y por primera vez tengo conciencia del milagro ocurrido en aquellas vacaciones.
Hoy entendí que la luz que iluminaba el lugar era la mía, que no fue casualidad que ese libro sobresaliera del estante, que desde ese día en mi alma se encendió la magia
y que la magia empieza cuando la poesía te elige.

Nunca más volví, pero la poesía se vino conmigo.

Adriana Acosta/@NuevoPapel

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