El país de siempre quizás

Te invito a un lugar, ven. Prometo que no te defraudará. No nos harán falta maletas esta vez. Quién quiere equipajes que pesan cuando podemos viajar con las ganas en los bolsillos. Tampoco necesitaremos billetes de unos aviones que nunca supieron dejarnos en la estrella que nosotros habíamos elegido desde el suelo. Cierra los ojos. No está lejos, hazme caso. Concéntrate. Empieza el viaje hacia el País de Siempre Quizás.

Puede que haya llegado el momento de hacerle Pan a Peter y crecer. Sé que no es fácil dejar atrás esa época en la que el mayor miedo era no poder caminar pisando las bandas blancas de los pasos de peatones. No hay mayor vértigo como el de no saber si mañana podrás disfrutar como en aquellos días en los que todo sonaba a carcajada y sabía a chuche.

Elige un lugar para tu reino. Puede que no te lo haya contado antes pero el País de Siempre Quizás estará donde tú quieras, donde tú lo sientas. Porque hay personas que son capitales, centros neurálgicos de tu felicidad. Porque hay personas que son Campanilla, hadas de paisano que nos hacen volar con los polvos mágicos que salen de su mirada. No hay mayor patria que sentirse en casa cuando te dan un abrazo. No hay mejor himno que la risa de los habitantes de tu corazón.

Por la bandera no te preocupes. Serán tus recuerdos los que tejan la tela que ondee en tu alma. No te engañes queriendo dejar los amargos a un lado. La suma de todos ellos te convertirá en soberano de tus emociones. Deberás actuar con justicia para ganarte la corona. Porque las personas que aparecen al doblar una esquina, muchas veces nos dan la vida. Muchas, nos la quitan. Son aquellas que siempre están las que se merecen la primera fila en el palco de autoridades de ese anfiteatro que construirás en la calle que desees. Era tu país, ¿recuerdas?

No quiero mentirte. Puede que aparezca más de un capitán Garfio. Deberán hacerlo para ayudarte a crecer. Si todo va como la seda, nunca sabrás qué hacer cuando el camino se torne en pana y las arrugas te impidan avanzar. Si siempre vives bajo la calidez del sol, jamás podrás salir adelante cuando las nubes aparezcan y los truenos amenacen tu silencio feliz.

Estamos llegando. Ya no queda nada. Te diré una última cosa antes de torcer a la izquierda en esa nube. Aquí no habrá niños olvidados. Aquí seremos capaces de crecer sabiendo que nuestro corazón conserva intacto al pequeño que un día fuimos. Aquí viviremos con la ilusión inyectada en los ojos, chispeando ante la mínima posibilidad de poder saltar en los charcos sin importar si nos salpicaremos los zapatos.

A lo mejor todo es más fácil de lo que pensábamos. La vida es como un tobogán. Puede que cueste subir los peldaños pero debemos aprender a deslizarnos, a disfrutar de esa sensación de caída libre pensando que no habrá piedra que nos pueda arañar las rodillas. La vida es como un columpio. Será que debemos coger impulso en más de una ocasión pero no habrá nada como despegar los pies del suelo y tumbarnos en una tabla de madera que se mueve al antojo de un viento que siempre vendrá del este. Ya hemos llegado. Déjame que te cuente. La vida, ante todo, es oportunidad. Por eso aquí no viviremos en Nunca Jamás. Por eso aquí será por Siempre Quizás.

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