Pase lo que pase

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Parece que esta es la despedida.
Ya no tenemos nada más que hablar.
Ya escuché suficiente.
Y ya me viste llorar.
No te preocupes por las pertenencias y recuerdos que había en la casa.
Me anticipé a quitar uno y cada uno de ellos cuando tú no estabas.
Del espacio que hiciste para mí en tu armario me lleve la ropa que me quitabas con urgencia cuando me hacías el amor.
Guarde en mi caja los libros que me habías regalado,
aquella piedra que encontramos en nuestro primer viaje y me dijiste que parecía un corazón,
la concha que encontraste mientras buceabas y con la que prometiste que escucharía siempre los sonidos del mar,
la hoja de aquel olmo que bellamente enmarcaste y que cada vez que la miraba me hacía recordar la mejor parte de aquel bosque.
Ya quite las fotos de aquel árbol que pintaste en la pared y que significaban un paso más en nuestra relación.
Puedes quedarte con el resto de las cosas que compramos juntos; puedes venderlas si es que ya no te causan ningún placer verlas.
Te dejé en la mesa las llaves de tu casa y mi última carta para ti.
Mire por última vez el sitio que nos hizo felices el tiempo que duramos tú y yo.
Sé que no volveré jamás.
La culpa no será mi compañera mientras me encuentro sola.
Y aunque a veces sienta que me gana la desesperación, me amarraré el corazón y seguiré.
No habrá más lágrimas en mis ojos.
No te preocupes.
Ya no serás mi inspiración de cada mañana.
Dejaré de inmortalizarte en mis palabras.
Gracias por todo y por nada.
Está es mi despedida.
No te deseo nada para tu vida,
sigue el camino que te forjaste,
y pase lo que pase,
recuerda que está fue mi despedida.

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