El paseo y la chica

Photo by Rob Bye on Unsplash
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Hoy nos han sacado a pasear. Supongo que confían en nosotros y no esperan que, cual Anibal Lecter, nos escapemos para buscar a los médicos que tomaron la decisión de meternos en el agujero y rebanarles el cuello, cuando no algo peor.

Somos libres por un día. Podemos ir donde queramos a nuestras anchas. Solamente tenemos que volver a las cinco al punto de encuentro acordado.

Me despido del conductor y su ayudante y me pongo a andar tomando la precaución que ningún otro de mis compañeros elige el mismo camino.

Miro al alrededor. Una variedad de gente pupula por el paseo marítimo a paso sosegado. Familias, parejas, personas de toda condición social y edad se dan hoy domingo una pausa de sus ajetreadas vidas. El relajado humor de la gente impregna la atmosfera, la cual emana una maravillosa tranquilidad. El musical graznido de las gaviotas, el ligero rumor del mar y el poco ruido a ciudad – los coches no pueden entrar a esta zona peatonal-  ayudan a crear este idílico entorno.

Me da por sentarme en un café del paseo. Por como esta colocado respecto al sol todavía da un poco la sombra y eso ayuda a que todavía haya alguna mesa libre en la pequeña terraza de la que disponen.

Me acerco a la barra del local – Un café con leche, te dejo aquí el dinero, esta justo – digo mientras hago un rápido movimiento de cabeza indicando a la camarera de que me voy a sentar afuera. Funciona. – Ahora te lo llevo – Me responde casí sin mirarme.

Agradezco el gesto, no tendría por que hacerlo. No hay servicio de mesa pone en un cartel. 10€ es todo el presupuesto del que dispongo. No puedo darme demasiados caprichos, pero un café, leyendo un libro es de las pocas cosas que me recuerdan que, a pesar de todo, la vida merece la pena vivirla.

Al poco rato, delante mio se sienta un chica de unos veíntipocos. En su mundo. Con el móvil en la mano, auriculares. Se lía un cigarro en la mesa. No parece tener intención de pedir, aprovechando el jaleo que hay dentro nadie se percata que no es cliente.

Quiere darse una pausa, no debe tener demasiado dinero y seguro que ayer tuvo una larga noche, pienso para mis adentros mientras observo que las únicas sonrisas y gestos de aparente felicidad se los dedica al móvil mientras escribe compulsivamente. Tan poco como aparta la vista de él recupera el gesto entristecido y serio mientras pierde la mirada observando alguno de los transeuntes que pasan delante nuestro.

– Perdona, le digo. – Se gira – ¿Te apetece un café? Te invito. – Le digo sonriendo fijando la mirada en ella.

La verdad es que hace tiempo que no hablaba de esta manera a una chica. Pero no tengo nada que perder y ya tendré tiempo de volver a la lectura del libro. Y todavía tengo ocho euros.

– No no, gracias – me dice mientras se quita uno de sus auriculares y me dedica una sonrisa.

Es un primer paso, pienso. – Mira, no te quiero molestar, pero un cigarrito sin un café es disfrutarlo a medias. ¿Qué me dices? – sonrío maliciosamente y añado: ¿Qué? ¿Dando una vuelta? – Claramente un intento de iniciar una conversación.

La chica hace una pausa de unos segundos… – Bueno, un cortado. – Y añade – Pero me tengo que ir en 10 minutos…

– Trato hecho. – le respondo sonriendo.

De repente, el ruido de una motillo de reparto solitaria me saca de mi ensimismamieto. La chica sigue dándome la espalda y todavía tiene el móvil en la mano. Yo sigo con mí libro y nada ha pasado. ¿Qué tiene de malo soñar un poquito? – pienso. Mi tiempo ya paso, más de 20 años de experiencias nos separan a ambos y yo ya he perdido el toque para esas cosas.

Se levanta y, tan silenciosamente como vino, sigue su camino. ¿Donde irá? ¿Quien será? una sensación de tristeza me invade al percatarme de que soy incapaz superarme y en lo que, de alguna manera me he convertido, y no soy capaz de revertir.

¿Qué nos hace estar más vivos sino los momentos en los que estamos solos ante el peligro? Cuando nadie nos puede ayudar y solo nosotros tenemos la llave de nuestro destino. Nada.

Pero, ¿de que me sirve tanta teoría? Tener tan claro lo que debería hacer sino lo hago. Soy una rata de bibliteca. Una rata de biblioteca de un hospital. Estoy donde no quiero estar. Y no se, si es que no me dejan salir o es que realmente soy yo que no quiero ir a ningún otro sitio.

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