El postureo del Te Quiero

Los que me conozcan, incluso los que no me conozcan pero me lean, sabrán que amor brindar. Que vivo en un constante brindis, siempre resaltando lo bello que aun conservamos, aquello que nos diferencia de los animales, esos pequeños detalles que nos hacen ser humanos. Me considero una persona familiar ante todo, y no únicamente con los de mi sangre sino con todos aquellos que, conmigo, quieran compartir un simple baile. Soy de esos que no dan ni un duro por la sociedad pero que apostarían todo por una única persona.

Así que, sin más dilación. Quiero proponer un brindis. Quiero brindar por todos aquellos que siguen creyendo en las hadas, por todos y cada uno de esos amantes incondicionales, por aquellos que siguen confiando en los detalles como la mejor forma de enamorar almas. Hoy levanto la copa por esas canciones que hacen reavivar la llama, por aquellos perfumes que huelen a recuerdos. Por esas personas desequilibradas, que prefieren morir con su corazón en la mano que vivir el resto de sus días cuerdos.

Y con este brindis, no pretendo incitar a un éxtasis etílico, que también. Sino que quiero exaltar aquello para lo que de verdad, a esta vida, hemos venido. Quiero abrir los ojos a todos aquellos que hoy siguen ciegos, quiero reventar de una patada las puertas de sus mentes, demostrar que es necesario amar de verdad para estar vivos.

Y hasta aquí, el que me esté leyendo dirá que el amor sigue existiendo. Amigo mío, el amor hoy en día muere tras cada te quiero. Han cambiado muchos las cosas, pero nuestros corazones siguen necesitando el mismo combustible de antes. Seguimos siendo seres irracionales con un instinto que se nutre a base de gestos dulces. Tenemos una mente más desarrollada que Julieta y su Romeo, pero me temo que en el desván de nuestra mente no hay hueco para ningún te quiero sincero. Hemos dejado de lado nuestra identidad, aquella que hacía del amor un mundo y de cada relación algo único. Hoy, nuestras declaraciones se publican en un muro, nuestras conversaciones las controla un teclado, donde unas veces se dice lo que no se siente y otras no se dice lo que se tiene en mente.

Las relaciones han pasado de ser privadas a competiciones basadas en ver quién es el que más bonito escribe. Los besos, los besos han pasado de ser principios de orgasmo a simples momentos fotografiados. Y junto a esto, muchos más detalles que hemos dejado tirados por creer  innecesarios.

Y con esto, ¿qué conseguimos? Calles vacías de besos, abrazos que solo llegan cuando hace tiempo que no ves a alguien, amantes recluidos en sus cubículos, exiliados en sus habitaciones, acojonados por lo que pueda decir la gente. Conseguimos que en los telediarios se hable de todos aquellos que se dedican a hacer la guerra y no de aquellos que practican la ciencia más bella y exacta que existe; cualquier rincón es bueno para un revolcón.  Ya no hay conversaciones sobre sentimientos hasta las tantas de la mañana, ahora hay una preocupación porque “me ha dicho que si iba a dormir y sigue en línea”.

Como antes he dicho, no daría ni un puto duro por una sociedad que ha vendido su alma al mismísimo diablo, pero sí que apuesto por esos pequeños actos que pueden convertirse en milagros. Y por ello, creo en la importancia de echarle un vistazo al pasado.

Y por qué no, hoy uso la literatura para justificar que hoy en día el amor muere tras cada te quiero, sí, una locura. Alguna es real, otras no, pero en cada una vemos aquello que hemos olvidado, el amor incondicional. Hemos olvidado a Romeo y Julieta y su amor oculto, una historia en la que el final estaba ya escrito, pero que aún así, los amantes dieron su vida en el intento de cambiarlo. Ya nadie se acuerda de Don Quijote y Dulcinea, un amor de locos dónde nuestro personaje más carismático, dio vida en su mente a su princesa. Y ni mucho menos se habla de Penélope y Ulises, dos almas separadas por tierra y  agua, pero un amor capaz de surcar los cielos y llegar allá donde estuviera su persona amada. Y no nos vayamos tan lejos, todo el mundo sabrá que Jack y Rose fueron cómplices del mayor delito que la ley actual denunciaría sin piedad. Consumidores de la droga más letal. Quererse de verdad.

Sí, unos putos dementes. Esos serían hoy en día. Unos enfermos del corazón, cabezas huecas de razón. Pues bien, creo que aún quedan locos como los de antes. Aquellos que besan antes de preguntar, aquellos que abrazan hasta retorcer al otro la espina dorsal. Aun quedan declaraciones a viva voz, sin importar el momento ni el lugar, un instante siempre es buena ocasión. Creo y creo y vuelvo a creer en aquellos, que estén donde estén, seguirán pendientes de la llama, pirómanos emocionales que con cada detalle regalarán su alma sin pedir nada cambio. Seres que hacen la vida algo más mágico, y a riesgo de pasar un mal trago, no cesan en su intento de lograr un milagro.

Así que, hoy mi brindis es dedicado a ellos. A todos esos amantes que no escatiman en detalles, que aman por encima de todas las cosas. Y que no dejan la palabra amor en manos del te quiero, sino que besan, acarician, abrazan, escuchan, consuelan, cuidan y follan, como si no hubiera mañana, como si al alba no fueran a volver a despertar. Sois la única solución que nos queda.

 

ONE LOVE

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