A propósito de la utilidad

Creatividad y talento
Creatividad y talento

Más de una persona me ha dicho más de una vez que sea cantante. El tipo de persona que me insiste en que puedo ser cocinera profesional, o dedicarme a la poesía, incluso a pintar y hacer todas estas cosas que parece que tengo facilidad para hacer. Me han preguntado varias veces “¿Por qué no estudiaste medicina cuando tenías nota?” o “¿Por qué no te presentas a ‘La Voz’, ‘Masterchef’…?” y esta clase de cosas.

Empezar escribiendo esto puede sonar muy pedante. Y puede que alguna vez lo haya sido. ¿Cómo no serlo, en una sociedad que te ha enseñado que si naces con muchas habilidades eres un crack y, sin embargo, si tu “inteligencia” no da para mucho, resultas ser un fracasado? Nos acostumbran a llevar la voz cantante, a mostrar lo que somos, lo que podemos ofrecer, y a hacer de ello una exposición vacía, en la que cuentan los “me gusta”, “+1” y un largo etcétera. Y si no puedes conseguir esto, mejor esconderte en la sombra.

Y no se dan cuenta de que quien nace con más habilidades no se llena al exhibirlas, sino que se siente inútil porque sus logros nunca son suficientes, pues no son fruto del esfuerzo en muchas ocasiones, sino una mera casualidad, dones que se nos han dado para algo, por los que no hemos tenido que luchar. Y esto nos hace crecer en la mentira del ser alguien. Y sin embargo nunca es suficiente lo que tenemos, cuando la satisfacción de superar un reto que para otro es un mundo, se queda en nada para aquél que lo consigue a la primera. Y el reconocimiento se pudre siempre antes de acumularse, dejando un letargo de felicidad ácida que despierta más la sed.

Y nunca se sabe qué hacer ante un mundo que te marca comportamientos tan contradictorios: ¿ocultarse para no parecer engreído? ¿Divulgar los logros para ser alabado? ¿Despreciar al que tarda diez veces más en lograrlo?
Durante años no he entendido esta complicada divergencia: el hecho de que una persona con poca o mucha fuerza de voluntad tenga facilidad para realizar cosas que para otros son tan complejas, cuando tantos a pesar de sus limitaciones consiguen verdaderos milagros. Pero con el tiempo he aprendido que el problema está en la medida. En la comparación. En que nos han convertido en seres valorables en función de la utilidad que tengamos, del rendimiento.

Pues bien, es ahora cuando puedo decir que esa medida es una enorme farsa. Que el valor de una vida está en cada sonrisa que despierta en los demás, en cada lágrima que se derrama por ella, en cada oportunidad de generar en otros un acto de amor que les llene de vida y de plena satisfacción. Que un anciano, un enfermo… son un regalo, puesto que cada vez que hay que repetir algo que han olvidado, ayudarlo a ir al baño o a vestirse… sus resquicios de vida están dando oportunidad a los demás para darse un poco desinteresadamente y con esto llenarse de vida. Que un Niño Especial es una fuente de entrega que nunca está de más.

Una persona sin estudios, sin dominios, sin éxito social, es una estrella que brilla para dar a otros la posibilidad de enseñar (y de aprender). Una persona errada, equivocada, que ha hecho daño a otros, es una oportunidad para el perdón de los demás y de sí misma. Sólo necesitamos mirar qué podemos aportar al otro, pues todos tenemos alguna necesidad, siendo milagros que olvidan su valor cuando se miden con modelos de papel.

Y tú, más o menos inteligente, con más o menos dones, errando o levantándote, ¿eliges fracasar en la tarea del Amor para alcanzar un podio vacío? ¿O vas a escalar la montaña de retos que te brinda el Corazón al mirar a tu alrededor?

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