Que te den

Aprender del dolor
Aprender del dolor

De nuevo vuelve el piano a sonar y de nuevo vuelve mi mente a bailar.  De nuevo vuelvo a las letras para contarte que ya vale, que no tienes porqué sufrir más. Que la vida da muchas vueltas ella sola, como para que también estés tú arrancándote el corazón a tiras y a solas. Que ya es suficiente, que el gato tiene las vidas que permita el veneno de la serpiente, y que tus mejillas no deberían sufrir más rojeces, fuera de las pertinentes. Pertinentes y necesarias,
ya que para brillar, muchas veces es necesario, hasta por las entrañas, sangrar.

Solo quiero sacarte una sonrisa, una tan parecida como la de aquellas cosquillas por la tripa. Quiero decirte que vales más que todo lo que te han contado, que no hay nada en esta vida pactado, que somos libres de hacer lo que queramos, ya que al nacer no firmamos ninguna cláusula ni contrato. Quiero que entiendas que un pájaro no vuela hasta que no se cae del nido, que un perro no ladra hasta que se siente perdido y que tú no debes cumplir la pena de lo exigido. Por ello, hoy quiero dedicarte tres palabras. Hoy quiero que tu corazón se acelere y que se liberen tus manos atadas. Hoy quiero decirte: QUE TE DEN. Sí, que te den, Que te den vida, que te den una vida llena de peligros, peligros que quieran afrontar contigo. Que te den conversaciones hasta las tantas, ya que cualquiera sabe besar sin ganas. Que te
den bien fuerte contra el cabecero de la cama, que te hagan vibrar sobre las sábanas y que nunca te dejen a solas cuando mueran las llamas. Espero que te den sorpresas sin escusas, que te den energía en todas sus formas, que te den magia sin necesidad de magos ni brujas. Quiero que te den desilusiones, que te dejen en la banca rota de los corazones, que te hagan la mudanza hacia lo más hondo del pozo, que tus días se debatan entre el negro y el gris, y que cuando toques fondo resurjas cual ave fénix. Deseo que te den besos sin control, que te besen por necesidad, ya sea en el comedor, en medio de la calle o en el ascensor. Que te den tantos hasta demostrar que, en cuestión de besos, el único corte debe ser en los labios. Espero que, a partir de ahora, te den infinidad de orgasmos, que te hagan volar hacia el clímax, que te hagan el amor ya sean los lunes, los sábados, de noche o de día.

Quiero que te den amaneceres en los que desayunes alegría, que te regalen miles de aventuras sin pedir nada a cambio y que caigas en la cama esperando a que llegue un nuevo día. Que te den protección, no como un perro faldero, pero si como el paracaídas cuando parezcas no tener freno. Quiero que te den cariño, que seas, de su mundo, el ombligo. Y que te diga al oído que: “estés donde estés, mi corazón estará contigo”.

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