Quédate conmigo

Esos besos al amanecer no eran más que la prueba fehaciente de la locura que había provocado el roce de tu cuerpo, el aroma de tu alma, la pasión de tu sexo la noche anterior. Aquellos besos al amanecer no eran más que mis ganas de estar contigo otra vez, mis ganas de sentirme tuya, viva, radiante. Esos besos al amanecer no eran más que mis ganas de quedarme sin aliento por estar entre tus brazos; no eran más que mis ganas de amarte, no eran más que mis ganas de nunca soltarte.

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