Quédate hoy conmigo.

Photo by Jurica Koletić on Unsplash
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Ayer, la vida brillaba en reflejos de cristal y miradas salpicadas de gotas de mar.
Hoy has llegado en una mirada incendiada,
en llamas, buscando el roce y reparando mis alas cansadas.

Y quemas.
Como esos primeros y dulces soles sobre una piel aún dormida.
Me arropas y acaricias con ese estremecido calor con el que tus ojos me miran, y me
sorprendes desprevenida mientras te abrazas a mi cintura, tan llena ella aún del frío de la
madrugada cuando eres guerra declarada al otoño en mi espalda.

A tu lado.
Sencillo pero mágico soneto emocionado,
a fuerza de deseo me llevas al pulso que la vida nos echa
y dejas caer una lluvia de besos entre mis grietas.
Han crecido flores en mi ombligo y te han besado mis ganas hasta susurrarte muy bajito,
quédate hoy conmigo,
en el vaivén de abrazos que me abrigan de la escarcha del mañana,
en la dulce calma del otoño
que siempre me gana cuando me abrazas por la espalda.

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