Quiso ser luna cuando era diamante

Quiso ser luna cuando era diamante

Y su pelo de abril,

Dulce pelo añil

Fue maltratado por noches de Bohemia

Y ya se fue,

Ah, tanto se fue,

Era querida y un fue.

II

En la noche ahora aúlla,

Entre la alegre cabellera,

Con sus divinos colores,

En la sonrisa más hermosa

Y más bonita de éste su día.

III

Los automóviles ronronean

Y dejan un rastro hoy gracioso,

Que sabe a oro y a tan poco,

Se esfuman en suave melodía,

Y el gasóleo huele a vainilla.

IV

El aroma de su pelo liso

Riza el mar cantante

Y tímida se vuelve la brisa.

V

En la ventana el reflejo de una mujer,

Sonrisa tímida, vestida en sombra,

Odia el frío de otoño

Porque le hace tiritar;

Porque en su níveo rostro sienta bien,

Porque el gris de las nubes enmudece

para su cabello brillar.

VI

Las hojas eran agitadas por el viento,

Cual juego de niños, inocente y violento,

Y desaparecieron de mi camino.

El sol, escondido, rompió a brillar;

Quemó la acera; y aún no era suficiente.

El brillo del sol nunca es suficiente :

Te cura de alegría y desaparece.

VII

Entonces, al ver su pelo centellear, pensé:

El fulgor solar revela lo ya natural,

La luz que existe en ti.

Y seguí caminando, atrapado,

por el denso frío otoñal,

Entre el ton del asfalto y el son de las nubes,

libre y harto de tu dulce sonrisa añil.

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