El refugio de parar y mirar hacia lo imprescindible

El piloto automático de nuestro cerebro, al igual que el de los aviones, resulta muy práctico y conveniente cuando de eficacia y optimización se trata. Es decir, en esos momentos en los que prima el rendimiento en “tareas repetitivas o muy conocidas” sobre la creatividad de lo espontáneo y singular. Cuando sentir no es lo importante y puedes ir a por resultados en modo automático.

Igualmente que en el caso de los aviones, la precisión y pericia están fuera del automatismo, cuando el piloto toma los mandos y toma decisiones en base a su experiencia, a la información que recibe a través de los canales perceptivos: observa atentamente lo que capta de la realidad para elegir lo oportuno, lo único, lo sutil y necesario.

Si no sales nunca de tus automatismos, te pierdes de todo, desde el agua escurriendo por tu cuerpo mientras disfrutas de una ducha; hasta el olor del café que antecede al primer sorbo. Dese el somnoliento “buenos días” al encontrarte con tu vecina al salir de casa; hasta la primera conversación que mantienes con esa persona habitual que siempre te sonríe y te habla y a la que quizás nunca o casi nunca escuches de verdad.

Te invito a que hoy te refugies en tus sentidos, encuentres ese remanso de vida entre tanto automatismo y sientas. Déjate estremecer desde la presencia a través del olfato, del tacto, del oído y de la vista. Cierra los ojos y con una inspiración consciente huele el café, disfruta de esta experiencia que no por cotidiana deja de ser maravillosa. Acaricia la porcelana de la taza, sintiendo su textura en tus dedos, notando las diferencias de temperatura del asa, los laterales, la base… Toma el primer sorbo también con consciencia notando la acidez, el calor, el sabor amargo y dulce del azúcar. Deja que tu mirada capte colores, nitidez, brillo o lo que permitas que capte de esa taza, de lo que hay en tu entorno, de la mirada de una persona en la mesa de al lado o del camarero o camarera que te ha servido el café y que ahora te trae la cuenta.

Y si no te gusta el café, da igual, haz el ejercicio con un vaso de agua, un té, o un whisky…la invitación es igualmente válida: siente y estremécete. Saborea, descubre, experimenta, porque la vida es esto: experimentar el hecho de estar viva, de estar vivo.

Refúgiate por un momento del “tirando” o “sobreviviendo” para dar una bocanada de vida y sentirla a fondo… en los huesos, en tus entrañas, desde la planta del pie, hasta la coronilla.

Te invito a que hoy, ahora, sientas la vida y te des permiso de sentirte, de estar en ti con presencia, exprimiendo cada gota de vida. Prolonga la experiencia el tiempo que quieras y repítela, a partir de ahora, cuantas veces te apetezca.

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